jueves, 9 de abril de 2009

CIUDAD DE AYER

En honor a mi primo Ramón Duval, ido a destiempo.
Món amó la ciudad, sus montes y sus laderas

La ciudad humeante de inquietudes
palpitó en la soledad de la montería.
La ciudad.
Mi ciudad.
Tu ciudad
ve como se levanta entre nosotros
donde el mar no toca su armonía ni su atlas de figura corpurente.

La ciudad
viene del cansancio de los siglos
el tiempo robó su voz
su armonía y sus sandalias
para venir descendiendo descalza
en laderas
pedernales y miradas.

Tu ciudad.
Mi ciudad
coartada fragancia maltratada
donde ya las niñas no juegan a pisacolá
ni a cuántos pancitos hay en el horno,
porque ya no son necesarias las niñadas
ni las varitas de antes para derribar mariposas de San Juan
sino las manos de indelebles arrugas
que se van marcando con el tiempo
para levantar cariños y esperanzas
y lágrimas destrozadas
e ir creciendo en el olvido
y en un sueño de un futuro promisorio.
Pero no acertamos y se tuercen los corazones
y las miradas se apagan ipso facto
y las caminatas se truncan y se doblan como largos alambres
y entonces se pierde el futuro
y tú y la ciudad se enclavan de cansancio.

No se ve la recua que esperábamos
porque si miramos el horizonte
lo veremos triste
porque el mar se ha ido de la ciudad
y se ha depositado en su hoya de perennidades azules.

Esta era una ciudad
donde los niños jugábamos a la rondas
y jugábamos con jarros viejos a pisacolá
y contábamos los pichones de las ciguas
pero es la ciudad
la que cuenta en su cementerio
sus tumbas
y los nuevos nichos
que hubo que abrir a destiempo
y que aún están sin inaugurarse
porque ahora el mar se ha ido de aquí
como se está yendo la alegría de una ciudad que va muriendo
y que busca una palabra para solidarizarse con la muerte
y cruzar el espacio.

Y es la ciudad la que cae con los parpados cerrados
y ya tu ciudad
la que se erigió sobre cenizas es la que se está yendo
y aún espera la palabra solidaria.
Y es tu ciudad
la que muere
la ciudad de nosotros
la que el viento no tocó para dejarnos la tarde gris
oscura y sola como un niño huérfano
y como un cielo despejado de estrellas

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