sábado, 29 de agosto de 2009

DISCURRIR SOBRE LA CRITICA Y TEORIA EN REPUBLICA DOMINICANA

ODALÍS G. PÉREZ
(Hoy, 29 Agosto 2009)

No hay fórmula única y absoluta para evaluar los textos literarios, según el autor, que sostiene que tampoco puede darse un debate con una única voz


Advertir una ausencia en el discurrir de la producción ideológica, literaria o cultural dominicana implica reflexionar sobre lo que ha sido el proceso de constitución de las instituciones sociales, políticas y educativas. Lo que se refleja en los concursos actuales del país es una estructura autoritaria del pensamiento y a la vez el rastro prejuiciado por los requisitos o las bases de concurso.

Pero esta situación conformada por anomalías de todo tipo no nos debe llevar a la negación tout court de los principales aportes en las líneas trazadas por corrientes del pensamiento contemporáneo: la sociología de la literatura, el marxismo, el psicoanálisis, el formalismo ruso, el estructuralismo, la semiótica, el posestructuralismo, la deconstrucción, la hermenéutica, la fenomenología, la poética estructural, la estilística hispánica, la estilística idealista alemana, los Estudios Culturales, los estudios subalternos, los estudios poscoloniales y otros métodos, formas de análisis, propuestas de lectura, ideas literarias o tendencias teóricas útiles y casi siempre necesarias para acceder a una comprensión de la literatura y sus efectos sociales o mentales.

Por más que en un debate sobre concursos literarios -y, en nuestro caso, sobre el conflictivo premio anual de literatura 2008- se quiera imponer alguna versión y se desee desconocer lo inconsistente o anómalo de una determinada creación verbal o discursiva, esto no implica la negación, el equívoco o acierto de tendencias teóricas, el análisis de ideas o determinados universos de reflexión y crítica.

De hecho, el pretender que sólo la “poética” (término por demás indeterminado, vago, retórico, ambiguo la mayoría de las veces, impreciso en sus usos acostumbrados) es el estudio más ponderado, único y absoluto de entender la literatura o el lenguaje literario, la única metodología propia del análisis literario, resulta una estruendosa y vulgar equivocación de una perspectiva lingüístico-literaria e ideológica. Ninguna tendencia o metodología de análisis logrará explicar de manera definitiva, absoluta, la creación verbal, la productividad o el producto literario. Razones diasincrónicas, axiológicas o genético-estructurales, pero además hermenéuticas, echan por tierra toda aseveración autoritaria, dogmática o doctrinaria al respecto. Discurrir sobre un fenómeno literario como el nuestro, bastante complejo y enmarañado, solicita un estudio y a la vez estudios con horizontes amplios, fructíferos y no un sujeto prejuiciado con principios tomados de un “catecismo” insuficiente, extrapolado, imitado y sobre todo “desepocado”. Facilitar un argumento ya reventado por sus repeticiones inútiles y por el recalentamiento de la boca-escritura que la auspicia, nos permite entender que incluso los medios escritos del país constituyen un poder que no procesa o desprocesa sus espacios, columnas o puntos de opinión.

Además de reconocer el estrecho marco de un debate literario o cultural, entendemos que con solo un locutor o dos locutores no es posible presentar la problemática y difícil situación de los concursos literarios del país, pero sobre todo los llamados premios anuales de literatura, donde intereses, selecciones de jurados, requisitos, mediadores, funcionarios, encargados y otros condicionantes contextuales, forman parte de un teatro escalofriante por lo conflictivo y poco convincente de las premiaciones y condiciones de presentación.

En efecto, un cuadro o cuadraje intelectual como el presente invita a una reflexión en torno al objeto denominado literatura y los valores en la sociedad dominicana. No se trata, en esta perspectiva, de cuestionar solamente una obra premiada, seleccionada como ganadora en un concurso o certamen literario, sino de analizar las condiciones ideológicas de los actores y las jurisdicciones institucionales e intelectuales del país.

No podemos creer ni mucho menos aceptar que las soluciones “unicistas”, precarias y doctrinarias de Rithmicus -conocido también como “Mechonicus”- pueden capitalizar una doxa crítica, ni legislar, autorizar descalificar o desautorizar una determinada textualidad, obra o discurso narrativo, producto de que estas creaciones y estos cuerpos literarios no asumen la práctica absoluta del crítico en cuestión.

Ahora bien, los nuevos estudios literarios, así como las “nuevas humanidades” contemporáneas, nos han presentado proyectos relevantes, recursos de interpretación y comprensión de nuevas rutas y productos que traducen la diferencia literaria y cultural en la vida de las diversas tradiciones latinoamericanas del Caribe insular y los lugares epistémicos de una productividad intelectual y crítica. ¿Cómo es que nuestros debates no asimilan aquello por lo que se trabaja en el Caribe insular y Latinoamérica en materia de función y acción intelectuales? ¿Por qué los grandes problemas, motivos de creación auspiciados por la nación moderna, no son tomados en cuenta como parte de un debate que intente asimilar y comparar crecimientos, lenguajes, mundos textuales, experiencias narrativas, discursivas, puntos de encuentros y lugares de la diferencia?

Un debate no se sostiene sólo por las antigüallas de cierto maestro, crítico, profesor universitario, Juez, legislador o domesticador de pensamientos, a través de una doctrina que él entiende como ruta a seguir o como trazado que obliga a poseer una teoría del lenguaje, una teoría del poder o una teoría del signo para que entonces el escritor pueda escribir un poema, una novela, un ensayo, un cuento, y que también deba transformar la sociedad para que su “poética” sea válida y bien recibida por este “maestro de la crítica”.

De hecho, la noción de proyecto intelectual en República Dominicana “choca” con el obstáculo de la vida real misma y sobre todo con el marco institucional, estatal e individual, debido a lo que también hemos llamado el horizonte de expectativas del lector, intérprete, traductor” cultural, político y social. Un contexto educativo plagado de negocios, pseudoestándares de lectura, comprensión y currículos oficiales, oficiosos o “funcionales”, pone en evidencia sólo rasgos de autoridad, políticas negativas de proceso, signos de identidad localizables, ítemes erráticos y repetitivos, currículos ocultados, escenas de dudosa utilidad y repertorios jurisdiccionales que poco tienen que ver con la formatividad cultural y educativa.

De ahí la “angustia de las influencias” que ha creado una telaraña conceptual, pseudouniversitaria y pseudoteórica, influyente en ciertos niveles de información y control de la educación humanística pública y privada. Toda esto crea una situación de negatividad, prejuicio, exclusión, indiferencia organizada y estratégicamente instalada como práctica social, autoridad influyente, selección de tópicos intelectuales y otros usos advertidos en todo lo que es certamen, concurso y premiación en el país.

El debate actual sobre novela, premio de novela, poesía y premio de poesía, es resultado de lo que debe ser un proyecto cultural, educativo e intelectual en nuestros días. Ese estado de “personificación” cultural, de “figuración” y empleo de una función pública y política, de influencia de un funcionario que domina toda el área oficial de la cultura, también es elemento influyente en este cuadro de anomalías, barreras, obstáculos, veleidades e intereses personales y grupales que hacen “reventar” el tramado ideológico y político en perjuicio de participantes independientes que no son tomados en cuenta por la programación oficiosa u oficialista del actual ecosistema cultural.

En efecto, se trata de un sistema cultural y educativo marcado por el fracaso de sus partes y falsos principios ejecutivos, éticos, programáticos, literarios e institucionales. No se trata sólo, pues, de echar culpas a jurados, concursantes, gestores intelectuales, editoriales o editores residentes e incidentes en el país.

(Odalías G. Pérez, dominicano, graduado en filología y critica literaria)

NOAM CHOMSKY: HABLAR DE SOBERANIA EN COLOMBIA ES UN CHISTE

Por Eva Golinger | © Venezolana de Televisión - Rebelión

—Bienvenido a Venezuela, Sr. Noam Chomsky. Estamos muy emocionados por su visita, especialmente durante un momento histórico en el que están ocurriendo muchos cambios en América Latina, potenciales cambios en la relación de EE.UU. con naciones latinoamericanas, y actualmente existen importantes tensiones y conflictos que causan gran preocupación a los latinoamericanos. En este contexto, y con el recrudecimiento de las agresiones en los últimos meses, con el golpe de Estado en Honduras, el aumento de la presencia militar en Colombia, con la ocupación de más de siete bases militares, además de un control territorial a nivel militar en Colombia, tenemos también la reactivación de la cuarta flota de la armada que ocurrió el año pasado pero está siendo usada ahora en este contexto. También el tono del discurso hacia Venezuela se ha hecho más fuerte, con acusaciones que ya se hacían y ahora continúan ahora más formales, acusando a Venezuela de permitir el narcotráfico, terrorismo, y ha habido un aumento del presupuesto militar del Pentágono, para el Comando Sur en esta región.

La pregunta es, ¿es este algún tipo de fenómeno? Ahora con un presidente supuestamente progresista en la Casa Blanca vemos más ataques contra movimientos progresistas en América Latina.

—Y en el resto del mundo. Pero lo que ocurre en América Latina ha ocurrido por más tiempo. EE.UU. por mucho tiempo dio por sentado que podía controlar a América Latina, y de hecho este fue un principio básico de su política exterior desde sus orígenes como república, como una aspiración, que lograron concretar en el siglo XX. El Consejo de Seguridad Nacional, la mayor entidad de planificación, dice que si no podemos controlar América Latina, ¿cómo podemos el resto del mundo?

Henry Kissinger, cuando el golpe de Pinochet, dijo "tenemos que deshacernos de Allende o no tendremos credibilidad en el resto del mundo".. Esa es la clave para controlar el mundo, y por supuesto gran parte de la economía estadounidense estaba basada en inversiones, que eran una especie de saqueo, desde el siglo XIX. Todo esto ocurrió por mucho tiempo y de distintas maneras, intervención militar, golpes de Estado, agresiones, durante el gobierno de Kennedy, con agresión de Estado, el ejército instaurando Estados de seguridad al estilo neonazi. Luego llegó el período neoliberal, el control de los países por medios económicos, pero a finales de los noventa ya no era tan frecuente, Venezuela es un ejemplo, pero ocurría en muchos otros países. Lentamente los países latinoamericanos empezaron a escapar del largo período, desde la época de los conquistadores españoles y portugueses, de una u otra forma de colonización.

Empezaron a librarse del FMI, pagar y reestructurar sus deudas, enfocarse en los problemas internos, y EE.UU. empezaba a perder control, y tenía que haber una respuesta, que se ha desplegado desde finales de los noventa, y que tiene dos frentes, uno militar, y el otro que denominan promoción de la democracia, que es un eufemismo de sometimiento. Uno es militar y el otro es el sometimiento, y Obama sencillamente les está dando continuidad. No está haciendo nada nuevo. Parece diferente a Bush, pero la razón es, si vemos la opinión pública, voceros del gobierno, ellos critican a Bush por no haber prestado atención a América Latina, y que la región sufrió por esto. De hecho es lo mejor que le ha pasado a América Latina, que EE.UU. dirija su atención a otras regiones. Pero Obama quiere remediar esa situación desde una perspectiva progresista liberal, prestando más atención a América Latina, lo que implica un retorno a políticas más tradicionales, la militarizació n y el sometimiento. Lo que tú mencionas es un ejemplo, pero viene de antes, de hace muchos años, por ejemplo el entrenamiento de militares latinoamericanos por los últimos diez o quince años ha aumentado en gran medida, quizá 50% más de lo que era en los años noventa. Y ahora la posición militar de EE.UU. en América Latina es relativamente mayor que durante la Guerra Fría. Por primera vez, hay más oficiales de entrenamiento militar que asesores económicos. La estrategia ha cambiado hacia un esfuerzo por reconstruir una estructura de intervención potencial, y también para la llamada promoción de la democracia.

—Que hemos experimentado en gran medida aquí en Venezuela a través de la USAID, la National Endowment for Democracy con financiamiento a grupos opositores y ahora con participación en una campaña de contrainsurgencia al interior de las fuerzas revolucionarias que apoyan al gobierno, que intentan neutralizar.

—Pero estas son políticas de larga data. EE.UU. de hecho inició una nueva fase del imperialismo hace un siglo, al convertirse en una potencia mundial, ya había sido una potencia regional, pero con la conquista de Filipinas, ese fue el momento crucial, por los años 1900, mató a cientos de miles de personas, estableció un control militar parcial, pero tenían que gobernar el país. ¿Cómo gobernar el país? Bueno, desarrollaron una nueva forma de colonialismo, con un Estado de vigilancia muy complejo, usando la última tecnología de la época para socavar movimientos políticos, para desintegrarlos, promover el faccionalismo. Crearon una fuerza militar-policial paralela que podía usar la fuerza cuando fuese necesario. Era muy minucioso y complejo, y de hecho ha regresado a los países de origen, los Estados de vigilancia el Occidente: EE.UU., Inglaterra, desde la Primera Guerra Mundial, basados en el modelo filipino. Y sigue hasta hoy. Filipinas es el único país en el este asiático que no ha participado en el rápido crecimiento económico de las últimas décadas, y aún tiene una fuerza militar terrorista, violaciones a derechos humanos, etc.

Las técnicas son: primero, una fuerza militar internamente, si es necesaria, y segundo la colaboración de los líderes del Estado, por eso es que quieren infiltrar los movimientos revolucionarios, incitar la separación, socavar el poder de otros grupos y obtener beneficios de sus contactos con el poder imperial. Los británicos y los franceses hicieron cosas parecidas, pero esta vez se hizo con gran detalle, algo nuevo en la historia del imperialismo, y por supuesto se extendió a América Latina. Por eso es que después de cada intervención, por ejemplo Haití, República Dominicana, Nicaragua, donde sea, dejan el país en manos de la Guardia Nacional y en colaboración con líderes del Estado. Y la Guardia Nacional es una fuerza de terrorismo de Estado. La Guardia Nacional haitiana nunca luchó contra otro país. Su ejército lucha contra la población, lo mismo con Somoza.

Esa capacidad se perdió en parte en los años noventa y ahora se reconstruye de otra manera. Pero es una tradición antigua. De hecho data de mucho antes. Vale recordar que EE.UU. es el único país del mundo que fue fundado como un imperio. George Washington lo describió como un imperio infante y por supuesto tuvieron que conquistar el territorio nacional, eso es imperialismo, no cruzaron mares, pero aparte de eso, es imperialismo estándar. Prácticamente exterminaron a la población, se robaron la mitad del territorio de México y en 1898 empezaron a expandirse a otras regiones, pero el proceso es el mismo. Y es importante saber que lo hacen con toda franqueza y con una creencia en el carácter divino de su misión. Es un país religioso y siempre ha actuado para cumplir la misión de la Divina Providencia. George Bush hablaba en esos términos. Obama no necesita usar las mismas palabras. Es sofisticado. . El mejor ejemplo, como todos saben, es la primera colonia en EE.UU.: Massachussets. Su carta fundacional es de 1629, establecieron su escudo en el que aparecía un indio apuntando su lanza hacia abajo y un pergamino saliendo de su boca, que decía "venid a ayudarnos", así que los colonos que iban allá a quitarles sus tierras y exterminarlos estaban convencidos de que estaban respondiendo a ese llamado de auxilio, y esa actitud sigue en la actualidad.. Cada agresión, intento de sometimiento tiene la misma inspiración. Otros países imperialistas como Francia tienen actitudes similares pero está mucho más arraigada en la cultura y creencia estadounidenses. Hay un importante trasfondo religioso, todo se justifica. Lo más que puede pasar es que se cometan errores.

—Eso es también como una guerra psicológica, una manipulación de la realidad, para dar esa impresión.

—Es importante entender que es aceptado internamente. Por ejemplo, no se puede hacer un comentario crítico sobre cualquier acción de EE.UU. Obama, por ejemplo, es muy elogiado por ser uno de los principales críticos de la guerra en Irak. ¿Cuál fue su crítica? Dijo que era un error garrafal estratégico. Asumió la misma posición que asumió el estado mayor alemán después de Stalingrado. O la posición de los rusos sobre Afganistán a principios de los ochenta. Y no lo llamamos crítica cuando es de nuestros enemigos, lo llamamos servilismo al poder. Pero en nuestro caso, los liberales, progresistas lo llaman oposición principal. Y se puede ir más allá y estar aún dentro del marco doctrinal básico, y viene de esa autopercepció n de nobleza, de la misión divina de civilizar el mundo, elevarlo a un mayor nivel, entonces el sometimiento y la militarizació n son considerados primordiales, y de hecho en el caso de América Latina la izquierda condena a Bush por no enfocarse en América Latina, por no cumplir con la misión civilizadora. No es sorpresa entonces las acciones de Obama.

—Y es un proceso cuyo ritmo está aumentando rápidamente.

—En parte por estas razones y en parte porque los problemas son más apremiantes. La llamada "marea rosa" es considerada un verdadero peligro. De hecho el gobierno de EE.UU. está apoyando gobiernos que hace cuarenta años habría derrocado. El gobierno de Brasil, por ejemplo. Las políticas de Lula no son tan diferentes de las políticas de Goulart a principios de los sesenta, cuando el gobierno de Kennedy inició un golpe militar e instaló el primer Estado de seguridad nacional estilo neonazi, y ahora es un país amigo, porque todo el espectro se ha desplazado tanto que ahora EE.UU. debe apoyar al tipo de gobierno que antes habría derrocado y por supuesto tratar de someter a los otros.

—Hablemos de eso específicamente, porque está el tema del aumento de presencia militar estadounidense en Colombia, que ha causado tensión en la región. El gobierno de Colombia y el gobierno de EE.UU., Obama, sostienen que esto es un asunto bilateral, que esto no es una ocupación o el establecimiento de nuevas bases militares; es un acuerdo de cooperación en seguridad. Pero algunos de los detalles que sabemos, aparte de las tres bases que EE.UU. ya ha ocupado bajo el Plan Colombia, y más de una docena de estaciones de radar, es que definitivamente tendrán acceso a siete bases, una de las cuales, en Palanquero, les dará acceso aéreo a todo el hemisferio, que no tenían anteriormente, con gigantescos aviones militares de carga tipo C17, y más allá de eso, está el tema de lo que EE.UU. llama defensa interna en un país extranjero, con la que entrenan fuerzas armadas colombianas, equipos comando especiales, fuerzas especiales, la Policía Nacional colombiana, los entrenan, los comandan y los controlan, y ahora existe la posibilidad de una reubicación de la Escuela de las Américas, ahora llamada WHINSEC, en Colombia, para empezar el entrenamiento en otros países de la región. El próximo viernes 28 habrá una reunión de presidentes de Unasur en Argentina para tratar este tema, que muchos dicen que es una amenaza para la estabilidad regional. Pero hay naciones que mantienen la posición de que hay que respetar la soberanía colombiana. Con gobiernos apoyados por Washington como Brasil, y con el golpe en Honduras que ha sido visto como un ataque contra los países del ALBA, ¿es esta ocupación o ampliación de presencia militar en Colombia un intento de dividir e impedir un mayor progreso de la integración latinoamericana, primero mediante la promoción de estos conflictos entre naciones, aparte del conflicto entre Colombia como gobierno de derecha y Venezuela como gobierno de izquierda, con países como Brasil o Chile, que pueden asumir una posición más ambigua u neutral en cuanto al respeto de la soberanía colombiana, que se oponen a la expansión militar estadounidense pero sin llegar a condenarla.

—Hablar de soberanía colombiana es un chiste. El Plan Colombia, creado por Clinton, es una intervención agresiva en los asuntos internos de Colombia, que ha tenido consecuencias. Hay un pretexto, y el pretexto es la guerra contra el narcotráfico, pero es solo un pretexto y no se puede tomar en serio. Y el establecimiento de las bases militares en Colombia es una reacción al hecho de que EE.UU. ha perdido su posición militar en otros países. Ecuador desactivó la base en Manta, que le daba a EE.UU. gran capacidad de vigilancia aérea en la región. Paraguay era una especie de base militar estadounidense, y eso ya se acabó. Tenían que reconstruirla en otra parte y Colombia es el único país donde podían hacerlo. El golpe en Honduras es parte de otro proceso. Centroamérica había sido tan devastada por las guerras contra el terrorismo de Reagan que no era parte de la tendencia de la llamada marea rosa, hacia la integración latinoamericana. Honduras estaba en el camino de la integración, y bueno ahora ya no, ellos creen, y en realidad se ha expandido en Centroamérica. Nicaragua es otro caso. Todo esto me parece que es un intento de recuperar la posición tradicional incluso antes, hace 10 ó 15 años el entrenamiento de oficiales ha aumentado rápidamente, y ha cambiado, ahora el entrenamiento es en tácticas de infantería. La idea es crear fuerzas paramilitares, no están entrenando policías de tránsito. El control de la "ayuda" oficial ha cambiado del Departamento de Estado, ahora está en manos del Pentágono, que es un cambio relevante. Cuando estaba bajo el Departamento de Estado tenía al menos en teoría supervisión del Congreso, que quiere decir que había condiciones que había que cumplir sobre derechos humanos por ejemplo, que no se implementaban mucho, pero eran una limitación a posibles abusos, pero bajo el control del Pentágono, no hay reglas, todo es válido. [ibyqueen]

EL TEMOR DE LOS INTELECTUALES A LA POLITICA

RAMIN JAHANBEGLOO (El País, 29 de agosto 2009)

El temor de los intelectuales a la política
Una "epidemia de conformismo" ha paralizado en los primeros años del siglo XXI la vida pública, donde lo único que importa es el poder del mercado. Los mezquinos intereses personales sustituyen a las voces críticas

Se han transformado en defensores de la cultura de masas y carecen de todo sentido crítico

Se trata de tener la valentía de alzar la voz en nombre de la no violencia y en contra de la injusticia


Las dos culturas, el conocido ensayo del científico y novelista británico C. P. Snow, salió a la luz en 1959. Snow defendía ahí la tesis de que el colapso de la comunicación entre las dos culturas de la sociedad moderna -las ciencias y las humanidades- era un freno para la resolución de los problemas del mundo. Medio siglo después, el debate iniciado por Snow ha tomado una nueva forma. El siglo XXI representa, en términos generales, la separación de los intelectuales y la política. Pocas veces habían estado tan alejados los intelectuales y el mundo político.
Los intelectuales críticos son hoy una especie en vías de extinción. Temen la política, y se diría que la política muestra una indiferencia absoluta por todo lo que se pueda denominar intelectual. Hay otros muchos que consideran que nos encontramos ante un declive de lo intelectual. Según ellos, la intelectualidad se ha distanciado de la esfera pública para acercarse a un mundo cada vez más profesionalizado y más empresarial. En otras palabras, los intelectuales están perdiendo su autoridad pública para dirigirse al poder, al tiempo que cada vez son más incapaces de realizar sus funciones de una forma independiente y crítica. Nunca se habían mostrado tan profundamente opuestas la conciencia crítica y la esfera pública.

Parece que los intelectuales de hoy pensaran que puesto que todas las verdades morales son relativas, ya no hay necesidad de ser la voz moral de un mundo sin voz. El afán de ciertos intelectuales de aparentar que lo políticamente correcto y sensato es desestimar la importancia que tienen los imperativos morales en la esfera pública no es más que una forma de hacer coincidir las necesidades humanitarias urgentes del mundo en el que vivimos con las necesidades concretas de su carrera o su ascenso profesional. Asalariados, ocupando cátedras o titularidades permanentes, pensionistas, muchos intelectuales se encuentran encadenados a la rueda de una carrera y una profesión respetables que paradójicamente estanca su capacidad para la crítica en un contexto no conflictivo.

Para ser más precisos, los mezquinos intereses personales han destruido los llamados intereses públicos de los intelectuales. Al olvidarse de la política, rápidamente y sin dejar lugar para el arrepentimiento, muchos intelectuales del mundo actual degradaron y abandonaron la idea de la esfera pública, transformándose en defensores de la cultura de masas carentes de todo sentido crítico. Es en virtud de esta falta de sentido crítico con respecto a la vida pública por lo que los politólogos y los expertos culturales han venido a sustituirlos como actores sociológicos en el mundo contemporáneo. A los intelectuales ya no les interesa reflexionar y debatir sobre los valores, su único interés reside en el comentario de los hechos. Así, con la aparición de la aldea global postindustrial, dominada por las redes mediáticas y la comunicación tecnológica, en las que las voces disidentes suelen estar acalladas, una "epidemia de conformismo" ha paralizado al completo la vida pública, convirtiéndola en una entidad impulsada única y exclusivamente por el mercado.
Para investigar la evolución del compromiso de los intelectuales en la historia europea del siglo XX, tenemos que empezar con el affaire Dreyfus y la aparición de la categoría "intelectual". Pese a las diferentes posturas que cristalizaron durante el affaire Dreyfus, ambas partes estaban de acuerdo en que el intelectual tenía que comprometerse. Uno de los que participó a favor de Dreyfus fue Julian Benda, el filósofo judío conocido fundamentalmente como autor de La traición de los intelectuales, donde afirma que "la labor del intelectual es defender los valores universales, por encima de la política del momento". Para Benda, por consiguiente, el intelectual es un sujeto que opera dentro de un marco moral y se atiene a unos valores trascendentales, libre de las impurezas de la política. Probablemente Zola se merece este honor, no por sus novelas, sino porque llegó a ser un intelectual que atacó la injusticia, el prejuicio y la intolerancia en la esfera pública. De este modo restauró la función que Sócrates había reservado para el filósofo: defender la universalidad de la búsqueda de la verdad y luchar contra la violencia.
El método de Sócrates para dominar la violencia era el uso del diálogo frente a las convicciones políticas. Con su mayéutica -conócete a ti mismo- Sócrates invitaba a los atenienses a interrogarse. Y aunque sea un fin en sí mismo, aprender a interrogarse es también una condición y un punto de partida para cualquier intelectual que quiera obrar honestamente. La honestidad es abrirse a la pluralidad humana; es cobijar la idea, intrínseca al trabajo de un intelectual dialógico, de que cada persona contiene "multitudes", como dice Whitman en su Canto a mí mismo. Todo intelectual necesita de esta multiplicidad, no sólo para conectar con los otros, sino también para ensalzar y valorar, como un elemento constitutivo del mundo, las diferencias que existen entre las personas. La idea de diferencia presupone otro valor igualmente esencial a la condición de intelectual: el respeto.
Una de las tareas del intelectual es pensar en cómo reformar y mejorar la sociedad. Su empeño primordial debe centrarse en la educación cívica de los otros ciudadanos para la responsabilidad que entraña la auto-gobernanza democrática. ¿No perdería todo el significado que tiene para nosotros el valor supremo de la historia si admitiéramos que son muchos los intelectuales que consideran que lo que denominamos examen crítico de la esfera política es un ejercicio fútil? Si no se lee y se ejerce el espíritu crítico, la historia podría convertirse en una simple repetición de los errores humanos. Por el contrario, cuando se comprometen con la historia, los intelectuales no sólo necesitan una mente abierta, sino también crítica, capaz de entender que las verdades pueden ser parciales; una mente que se interrogue continuamente. Lo importante aquí es que la manera de protegerse contra toda tentación de colaboración con el mal es interrogarse y reflexionar con sentido crítico.

Con este planteamiento, la pregunta es: ¿cómo se puede hablar de preservar la ética en la esfera política y de no caer en el mal cuando han dejado de existir los absolutos morales? Poco después de terminada la guerra, en 1945 y en uno de los primeros ensayos que aparecieron al respecto, Hannah Arendt decía que "el problema del mal será el tema fundamental de la vida intelectual en la Europa de posguerra, de la misma manera que la muerte fue el tema de reflexión fundamental después de la Primera Guerra Mundial". Creo que Arendt estaba en lo cierto, sobre todo porque en el mundo de hoy el problema del mal y sus implicaciones políticas constituye un desafío importante para el estatus público y la integridad moral de los intelectuales.

Cierto es que todos somos moralmente responsables de las calamidades e injusticias del mundo en el que vivimos. Pero no es menos cierto que el papel social y político de los intelectuales conlleva una mayor responsabilidad moral. Como señala Max Weber, el compromiso intelectual requiere la ética del héroe, pues hace falta una gran valentía moral para enfrentarse a las responsabilidades que se adquieren en la esfera pública.

Muchos creen, por supuesto, que ser hoy un intelectual comprometido con la vida pública no es nada del otro mundo, ya que ser demócrata y vivir en una democracia no supone ningún riesgo, ningún desafío. Pero, dado que no puede haber una democratización y una globalización reales si no están acompañadas de una labor crítica real por parte de los intelectuales, en su función de contrapoderes, ser hoy un intelectual crítico significa también ejercer de conciencia moral del mundo globalizado. Por eso, para los intelectuales comprometidos, la verdadera lucha no se limita a estar a favor o en contra de la política, sino que se trata sobre todo de una batalla en defensa de lo humanitario frente a lo inhumano. Se trata de tener la valentía de alzar la voz en nombre de la no violencia y en contra de la injusticia. Por esta razón, aunque el concepto haya perdido hoy la fuerza que tuvo en el momento del caso Dreyfus, se ha de mantener la función del intelectual público. Mientras los humanos sigamos creyendo que la esperanza no es una palabra fútil, los intelectuales no dejarán de ser útiles en todas las sociedades.

(Ramin Jahanbegloo, filósofo iraní, es catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Toronto. Traducción de Pilar Vázquez)

martes, 25 de agosto de 2009

CONDENADOS

FERNANDO FERNÁNDEZ DUVAL

El juez de traje azul y leontina que conocí hace años, no recuerdo en qué lugar, entró a la amplia sala con solo dejar al descubierto su rostro de piedra dura.

Allí estaban todos arrodillados frente a una imagen pagana: Judas y Bruto. Juntos, ahora, iniciaron la argumentación de su larga defensa frente al juez que los miraba, a pesar de la condena que todavía perdura como mancha indeleble, per se cula seculorum.

Mientras pronunciaban sus largos e interminables discursos en el polvo de los siglos en un lugar remoto que mi memoria no alcanza a recordar, César, ufano de su gloria inmortal que aún suena en las patas de su caballo que conquistó civilizaciones enteras en el desierto de la noche, hizo su entrada; más tarde lo haría Jesús, humilde y clarividente, mal vestido, delgado, mirada firme y dulce, seguido de una multitud descalza y hambrienta formada por pordioseros, andrajosos, carpinteros, panaderos, prostitutas, ladrones, enfermos, inválidos, pastores, pescadores y gente de toda laya.

Los dos, es decir, Bruto y César, atónitos, fijando su mirada lejana a los recién llegados, quedaron condenados para los próximos siglos

ENTREVISTA: NOAM CHOMSKY Lingüista y activista político

BARBARA CELIS (El País, 25 de agosto 2009)

Lingüista revolucionario, activista tenaz y sempiterno idealista. Noam Chomsky (Filadelfia, 1928) es uno de los intelectuales estadounidenses más conocidos y mejor valorados fuera de su país. Pero en EE UU sólo quienes están vinculados a los círculos políticos de izquierdas no descafeinadas saben su nombre.
A él no le sorprende: por algo es el autor de libros como Los guardianes de la libertad. En él, junto a Edward Herman, desmenuzó en los ochenta el modelo de propaganda que impera en los grandes medios de comunicación estadounidenses, analizando cómo y por qué determinadas informaciones y opiniones -como la suya- se silencian sistemáticamente. Ahora, cuando acaba de cumplir 80 años, coinciden en las librerías españolas un libro suyo, Sobre el anarquismo (Laetoli) y Entrevista a Noam Chomsky, de Vicenç Navarro (Anagrama).
Anarquista declarado y tan optimista como para seguir apostando por un futuro donde el socialismo libertario vuelva a hacerse realidad, como ocurrió durante la Guerra Civil española, aún ocupa un despacho en el MIT (Massachusetts Institute of Technology), donde ha sido profesor de lingüística desde los años cincuenta. Oficialmente se jubiló a principios del siglo XXI, pero sigue acudiendo a diario al edificio de formas sinuosas y colores chillones diseñado por Frank Gehry que alberga el departamento de filosofía y lingüística del MIT en Cambridge (Massachusetts). Se diría que su luminosa estancia, llena de libros y presidida por una enorme foto de Bertrand Russell, es su segunda casa.
La otra parte de su vida, la de activista político, tampoco apunta hacia la jubilación. Tras haber publicado decenas de libros, la mayoría para criticar la política exterior estadounidense Chomsky sigue escribiendo y recorriendo el mundo dando conferencias. La nula respuesta de Obama a la invasión israelí de Gaza, la lluvia de millones para salvar a los bancos de su país o el resultado de las recientes elecciones estadounidenses son temas que siguen haciendo pensar a este octogenario sereno, que no aparenta su edad y que recibe a EL PAÍS en vaqueros y zapatillas deportivas.
Pregunta. El modelo económico de la prensa tradicional atraviesa sus horas más bajas. ¿Cree que los cambios que se están produciendo, motivados en parte por el peso que ha tomado Internet favorecen la irrupción de grupos sociales con menos poder en el ámbito de la comunicación?
Respuesta. Las fuentes de información todavía están en la prensa tradicional. Internet te da más variedad de opiniones, pero si realmente quieres saber los hechos, qué es lo que está pasando en los sitios, las opciones siguen siendo las mismas. No hay tantas fuentes de información como parece. Yo creo que la prensa tradicional va a sobrevivir. Encontrarán una manera de entender y utilizar la Red en su propio beneficio. Eso sí, la calidad sigue disminuyendo. La información es hoy más homogénea que nunca.
P. ¿No cree que las puertas que ha abierto la Red constituyen una amenaza para ese sistema de poderes del que usted hablaba en Los guardianes de la libertad?
R. Internet es un sistema muy valioso, pero también está amenazado. La próxima batalla es la lucha por la net neutrality. El acceso a Internet ya está restringido porque hay que pagar por él, pero ahora las empresas quieren que sea más fácil llegar a unas webs que a otras, en detrimento de quienes no pueden pagar por estar entre las de acceso rápido. Hay que evitar que eso ocurra.
P. Usted es uno de los mayores críticos con la política internacional de su país, pero, curiosamente, sus opiniones raramente aparecen en la prensa estadounidense.
R. Estados Unidos probablemente sea el país con el mayor grado de libertad de expresión del mundo, el Estado tiene capacidades muy limitadas para reprimirla porque en 1964 abolió el llamado acto de sedición. Pero la libertad tiene muchas dimensiones y otras formas de control, por ejemplo a través del impacto de la concentración de capital. Por eso usted verá mis artículos en Johanesburgo, pero no en The New York Times.
P. Europa siguió las pasadas elecciones presidenciales con detalle casi enfermizo. ¿Por qué cree que Estados Unidos sigue fascinando a los europeos?
R. El mundo de las relaciones internacionales es bastante parecido a la mafia. Y si tienes una tienda pequeña, te preocupa lo que piense el padrino, porque es peligroso. Europa se preocupa de lo que el padrino piensa, pero no creo que en realidad siguiera la campaña. Siguió todo lo que es superficial, sin entrar en los programas.
P. ¿Cree que la crisis económica podría provocar una crisis de valores que lleve a un cambio en la forma de organizarnos social y políticamente?
R. Ya está ocurriendo, creo que está bajo la superficie, y la mayoría de la gente la está empezando a sentir de forma instintiva. En la literatura popular del siglo XIX, uno de los temas principales es que quien trabaja el molino debería poseerlo. Hay muchos escritos de la revolución industrial de campesinos que dicen: 'El sistema industrial nos ha quitado nuestra cultura, nuestra individualidad, nos ha convertido en herramientas en manos de otros'. Esas cosas las escribió gente que jamás había oído hablar del anarquismo o del marxismo, pero lo pensaba de forma instintiva. Esta crisis vuelve a impulsar esas ideas.
P. Según los políticos, la mayor amenaza para la seguridad mundial ya no es el terrorismo, sino la inestabilidad provocada por la crisis. ¿Cómo interpreta usted ese mensaje?
R. Inestabilidad tiene un significado técnico: subordinación a EE UU. ¿Qué ha hecho Obama para lidiar con la amenaza? Rodearse de gente que contribuyó a crear esta crisis, como Timothy Geithner, Laurence Summers, los banqueros, y encontrar una fórmula para rescatar el sistema que ellos dominan y controlan. Todos los millones que Occidente está volcando para salvar sus instituciones financieras no sirven de nada frente a una crisis mucho mayor: hay mil millones de personas al borde de la muerte por inanición. Ésa es la crisis verdaderamente grave, y ese dinero no hace nada por ellos. Curiosamente, no lo he leído en un periódico americano, sino en uno de Bangladesh. Lo que más me sorprende, además, es que los periodistas de aquí nunca mencionen que todas las medidas que ha tomado Obama son exactamente las contrarias que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) recomiendan a los países pobres para salir de sus crisis.
P. Acaba de cumplir 80 años, ¿qué le hace seguir luchando?
R. Imágenes como ésa. [Chomsky indica un cuadro que cuelga de su despacho en el que se ve al ángel exterminador junto al cardenal Romero y seis intelectuales jesuitas asesinados en El Salvador en los ochenta por los escuadrones de la muerte]. Uno de mis fracasos es que ningún estadounidense sepa qué significa ese cuadro.
P. ¿Se ha sentido alguna vez como un Don Quijote?
R. No, porque los molinos son reales y algunos incluso los hemos abatido."La prensa tradicional hallará la forma de usar la Red en su beneficio" "La calidad de la información sigue bajando: cada vez es más homogénea"

LA FICCION DE LA LIBERTAD DE EXPRESION

FERNANDO FERNÁNDEZ DUVAL

La libertad de expresión en los medios de comunicación es una ficción con la que Occidente desde la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, proclamados durante la Revolución Francesa, quiere que Oriente la adopte sin tomar en consideración valores culturales, religiosos y políticos.

Pero en lugar de libertad para que el ciudadano manifieste sus ideas y sus opiniones en igualdad de condiciones sobre un hecho colectivo o particular, tenemos en el mundo libertad de empresas de comunicaciones, que manejan e interpretan el hecho noticioso en base a los intereses generales de la clase dominante y en particular de los dueños de las empresas de comunicación.

El dominio que tienen los medios de comunicación sobre el pensamiento colectivo es de tal magnitud, que en Occidente se haría difícil pensar o escribir la historia general sin tomar en cuenta estos medios; de manera que la verdad, entendida como un enjuiciamiento lógico acerca de la realidad, queda parcial o totalmente manipulada e impuesta por los jeques de la economía y la política, ya que a través de estos medios también se contribuye a construir y a reproducir el aparato conceptual que nos permite entrar en contacto con la realidad y discernir sobre ella.

Al construirse arbitrariamente el aparato conceptual mediante signos, los medios de comunicación contribuyen a legitimar la cultura Occidental y la construcción del hombre tipo ideal en base a modelos y estereotipos previamente establecidos.

En ese sentido, la libertad de expresión es verdaderamente una ficción de un juego de doble moral que pone al mundo con la cabeza para abajo.

lunes, 17 de agosto de 2009

EL OBJETIVO DE LAS SIETE BASES DE ESTADOS UNIDOS EN COLOMBIA ES AGREDIR A VENEZUELA, ECUADOR Y BOLIVIA

FERNANDO FERNÁNDEZ DUVAL

Las pretensiones de instalar en territorio Colombiano siete bases militares de Estados Unidos, obligatoriamente afectará el equilibrio y la correlación de fuerzas militares en la geopolítica de la región, independientemente de los supuestos objetivos en contra del narcotráfico y la lucha contra el “terrorismo”.

La instalación de esas bases, tiene como objetivos tácticos y estratégicos desbalancear las fuerzas militares existentes en la región para atentar contra los procesos políticos que se están llevando a cabo en Venezuela, Ecuador y Bolivia y no –como dice el presidente Uribe- para luchar contra el narcotráfico y el “terrorismo”, ya que si Colombia y Estados Unidos desearan ganar esa lucha, no tendrían que tirar un solo tiro, ni arriesgar vidas en territorio colombiano, bastaría con que las autoridades norteamericanas con todo su poder controlaran el consumo de drogas en su propio territorio, poniendo al servicio de esa lucha sus enormes recursos y su inteligencia para desvertebrar a los principales carteles que controlan la producción, distribución y consumo de estupefacientes.

Esa lucha contra las drogas por parte de Estados Unidos no ha ocurrido en el pasado ni ocurrirá en el futuro, pues la llamada lucha contra las drogas es un ejercicio de doble moral que genera pingüe beneficios para su economía y una excusa para intervenir y dirigir nuestros aparatos de defensa y orden público, como ocurría en los tiempos de la guerra fría, donde el comunismo fue la excusa para mantener el control de nuestras fuerzas armadas.

En el caso de la lucha contra el terrorismo, que en otras palabras significa luchar contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el gobierno de Uribe pretende derrotarlas al internacionalizar el conflicto, dándole participación al ejército norteamericano, sin detenerse a buscarle una salida negociable.

Todo el que ha estudiado las raíces históricas del conflicto colombiano, sabe que al ejército de ese país se le ha hecho difícil ganarle la guerra a las FARC y también lo será para cualquier otro ejército como el de Estados Unidos, ya que el problema es básicamente socio/ económicO, con una clara expresión de la lucha armada de una parte de la población campesina indígena, mestiza y mulata excluida del bienestar en una sociedad semi-cerrada, de rasgos aristocráticos que todavía perdura en la Colombia del siglo XXI.

Esa es en definitiva la realidad socio/ económica a la que el presidente Álvaro Uribe no quiere enfrentarse o no desea por conveniencias políticas del imperio y de la aristocracia colombiana, porque el objetivo de la instalación de las siete bases militares de Estados Unidos en Colombia es agudizar el conflicto, internacionalizarlo y de esa manera agredir a Venezuela, Ecuador y Bolivia.

SOBRE LA PROSTITUCION DE LAS CATEDRALES

ILIA GALÁN (El País17/08/2009)

Es tradición en la Iglesia referirse metafóricamente a la prostitución de la Santa Sede, la de Aviñón o Roma, del mismo modo que la Biblia tiene innumerables pasajes donde se habla de la infidelidad del Pueblo Elegido y en especial la de sus sacerdotes, a los que increpan una y otra vez numerosos profetas.

Los templos pertenecen al pueblo, los obispos sólo pueden gestionarlos
Una de las grandezas de la Iglesia Católica es su arte, en especial sus catedrales, donde se ha logrado un esplendor innegable dentro de la historia de la humanidad. Pero ahora parece que esto sólo va a ser accesible para los que tienen una situación económica holgada.

Un acuerdo entre la Conferencia Episcopal y Patrimonio ha llevado a que nuestras catedrales cobren el acceso a quienes las visiten. Para el que quiera entrar a rezar se reserva una capilla, a veces de escaso valor artístico, o bien hay que esperar a las grandes celebraciones rituales.

Tan inmensos edificios son lugares especialmente diseñados para el recogimiento y la meditación: cuadros, retablos, vidrieras, todos esos conjuntos orgánicos hacen las delicias para la reflexión sosegada de lugareños, visitantes o curiosos. Sin embargo, los obispos, aliados con el Estado español, entregan así las catedrales para que sean devoradas, previo pago, por los turistas, tal vez sin reparar en que así otorgan ciertos derechos que hacen del espacio sagrado un lugar profano sometido a fotografías y risas, perdiéndose su recogimiento propio. Asimismo resultan chocantes y molestos los tenderetes de recuerdos, postales, libros y objetos varios que se están multiplicando en capillas o laterales de los templos.

La doctrina de Jesucristo no puede ser más clara en este asunto. El fundador de la Iglesia es una demostración vital del amor a todos, de la paciencia máxima, pero hay un pasaje único relatado por tres evangelistas donde no es así, pues nos muestra una escena violenta que debió ser muy llamativa por la importancia que tenía el Templo para la religión judía: "Llegan, pues, a Jerusalén. Y habiendo Jesús entrado en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en él; y derribó las mesas de los cambistas, y los asientos de los que vendían las palomas" (Mc, 11, 15-16). Y les dijo así: "Mi casa será llamada casa de oración, pero vosotros la tenéis hecha una cueva de ladrones" (Mt, 21, 13).

Aunque todavía no hemos llegado a ver convertidas nuestras catedrales en centros comerciales que reduzcan su función religiosa a un rincón, si sustituimos las palomas para los sacrificios y el cambio de moneda por postales, souvenirs y otros objetos, nos hallamos ante una situación similar. Si además hay que pagar por entrar, se diría que podemos hallarnos con una situación similar a la relatada por Dostoievski con el cuento del Gran Inquisidor, donde la propia Iglesia volvería a matar a Cristo si volviera con forma humana. En este caso, no le dejarían entrar sin pagar.

Ante ese pasaje vemos que no tiene sentido que la Iglesia Católica compita con otras multinacionales del entretenimiento al gestionar así sus catedrales, ya que, entonces, las palabras de Miqueas (3,11) se les podrían echar encima: "sus sacerdotes enseñan por interés, y por dinero adivinan sus profetas". Actuando así, el alto clero parece mostrarse más interesado en política o cuestiones monetarias, que en su función como pastores del alma.

Los obispos gestionan los bienes de la Iglesia, es decir, de la comunidad, pero no son sus propietarios, porque son de todos los cristianos. Los templos fueron construidos con inmensos sacrificios con el esfuerzo de todo el pueblo. Quitarnos así las catedrales es en cierto modo robar a todos.

Nos hallamos sin duda ante una conversión de las iglesias en museos y así son casi más visitadas por turistas que por fieles, pero a ello ha contribuido la jerarquía, también haciendo exposiciones en ellas, como Las Edades del Hombre. De hecho, las iglesias se mantienen mejor también con su patrimonio cuando mantienen el culto. Cuando las desacralizan suelen despojarse y desnudas dejan de mostrar, curiosamente, sus intimidades, sus tesoros.

Con la crisis económica, los que están sin trabajo y los pobres no podrán aprovechar lo que fue hecho para todos, pues hasta ahora una de las grandes maravillas de nuestros santuarios era que hasta el más miserable podía entrar y disfrutar de algunas de las mejores obras de arte de la historia, de su paz, lo que no podían hacer con los palacios. A los más piadosos se les echa a un rincón, los turistas pagan, pero también hay muchos "híbridos" que entran a admirar el arte y también rezan porque tienen fe, o meditan.

Hace falta dinero para mantener esos maravillosos monumentos y controlar que no entren a robar, sí, pero que lo extraigan de lo que reciben del Estado, que no gasten si quieren en ciertas iluminaciones o en calefacción y, si no tienen dónde recaudar, que alquilen los fastuosos palacios episcopales o busquen cualquier otro sistema. En España, culturalmente cristiana, el patrimonio artístico español es mayormente religioso, pero que no nos lo secuestren. La simonía es un triste pecado.


(Ilia Galán es director de la revista Conde de Aranda (Estudios a la luz de la Francmasonería).

sábado, 1 de agosto de 2009

EN EL CENTENARIO DEL NACIMIENTO DEL ILUSTRE JUAN BOSCH, RESCATEMOS AL BOSCH ETICO

FERNANDO FERNANDEZ DUVAL

El centenario del nacimiento del ilustre dominicano profesor Juan Bosch, más que la puesta en marcha de un rimbombante programa de celebraciones entre funcionarios oficiales y la partidocracia servil, plegada al poder, entre los cuales estuvieron acérrimos enemigos del maestro y oportunistas de toda laya, debe servir al menos para la reflexión profunda acerca del futuro dominicano y de América Latina, ya que el profesor fue un pensador global y auténtico, que dado su genio y su estilo autodidáctico, rompió los esquemas formales de las ciencias sociales para presentar su pensamiento.

Pero más que el Bosch científico, político o literato, existe el Juan Bosch ético, con el que yo me quedo sin mucha discusión.

El Bosch de las ciencias sociales, con el que se puede tener diferencias conceptuales, fue el Juan Bosch clave para entender la dinámica de la sociedad dominicana contemporánea desde una perspectiva histórica y sociológica.

Sin embargo, este Juan Bosch que definió y esquematizó las clases sociales tomando como base el paradigma marxista, fue quien produjo una teoría acerca de la sociedad dominicana y en la que entendía que la pequeña burguesía era la pieza clave para producir cambios en nuestra sociedad y no el proletariado, porque - a su decir-teníamos un capitalismo tardío con una clase obrera y una burguesía sin conciencia de clases y en consecuencia, débiles para asumir el papel que la historia le tenía reservado.

Este Bosch cimentó su praxis política en ese conjunto de ideas, las que fue construyendo después del golpe de estado del 1963, la guerra de abril de 1965 y las profundas contradicciones que tuvo con el alto clero católico, el imperialismo norteamericano y la oligarquía dominicana.

Esas contradicciones y luchas políticas lo fueron alejando del Bosch de la democracia representativa, de la que renunció finalmente para asumir una nueva concepción teórica del futuro dominicano: la dictadura con respaldo popular, que no era sino la constitución de una democracia incluyente basada en la participación del pueblo.

Esta nueva concepción política lo obliga a renunciar del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y fundar el Partido de la Libreación Dominicana (PLD) en 1973, siendo la opción política más seria y certera que en su momento se produjo en la sociedad dominicana.

El Bosch revolucionario que define la liberación nacional como un frente de clases para construir una democracia popular se convierte en lo adelante como el paso más significativo en su lucha por un mejor destino del pueblo dominicano.

Pero ese Bosch combatiente, serio, honesto, que abandona al PRD porque deja de ser la opción más eficaz para producir las transformaciones que requiere la sociedad dominicana, encuentra en 1991 al PLD plegado a los mismos vicios pequeño burgueses del PRD y termina entonces renunciando de esa organización política, aunque muy tarde para fundar un nuevo proyecto político, ya que los años prácticamente han mermado sus facultades físicas e intelectuales y entonces, a los pocos días de esa renuncia, decide volver al PLD, pero no con las armas en ristre para el combate, sino con la resignación del que ha sido vencido por el tiempo y sus propios compañeros de partido, ya que de ahí en adelante no sería el mismo Bosch, ni el partido el mismo.

En los cien años de su nacimiento, TOQ rinde homenaje a uno de los dominicanos más puro y talentoso de su historia: EL ILUSTRE DON JUAN EMILIO BOSCH Y GAVIÑO.

LA DOMINACION SIN IDEOLOGIA

JOSE VIDAL BENEYTO

El reinado de la tecnocracia hace impracticables e inútiles todas las ideologías. Para transformar la sociedad queda el recurso de la movilización renovada de los colectivos de base como reacción a la opresión

En el artículo de la Cuarta Página que publiqué en marzo sobre la democracia-marketing insistía en el abandono de los atributos propiamente políticos por parte de la nueva democracia. En primer lugar, los actores, con la sustitución de los partidos y los militantes por los colectivos de apoyo electoral y los grupos en favor de campañas sociales concretas; y por otra parte, la renuncia a toda doctrina y formación ideológica, suplantadas por nuevos dispositivos técnico-funcionales.
Todo está presidido por el economicismo empresarial, en las antípodas de Mayo del 68
Este 'sálvese quien pueda' provoca microseísmos sociales que amplían los antagonismos
Esta cancelación del espacio ideológico llevó a pensar que se trataba de una reedición del tema del fin de las ideologías, que había emergido a finales de los años cincuenta en el mundo de las ciencias sociales y del análisis político y que desde entonces ha acompañado todos los intentos de conservadurismo político y social.
En su momento inicial, sin duda el más brillante, sus principales protagonistas fueron, ya en 1955, Edward Shils (The end of ideology?), Lewis Feuer (Beyond ideology) y Raymond Aron (L'opium des intellectuels), seguidos en 1960 por S. Martin Lipset (The end of ideology?, Daniel Bell (The end of ideology in the West); Dennis H. Wrong (Reflections on the end of ideology; C. Wright Mills (Letter to the New Left) y un largo etcétera hasta finales de la década, recogidos y comentados en el Reader the end of ideology debate, de Chaim I. Wayman. En Francia y en España, Jean Meynaud es el más prestigioso difusor de esta problemática, en particular en sus libros Le destin des idéologies y Technocratie et politique.

La generalización y el vigor de la tesis, en el mundo académico y en el político, tuvo mucho que ver con la aparición, en los países occidentales, del tema de la sociedad opulenta y del amplio bienestar generalizado que, según sus promotores, conllevaba una situación, real o mitificada, que supuso un cierto apaciguamiento de los antagonismos sociales y una pérdida de pugnacidad de las opciones políticas de izquierda, en particular del comunismo y del socialismo. El progreso, predicaban, no podía venir de una transformación impuesta por la fuerza desde fuera de la sociedad, sino de los factores de cambio que en ella existían, de su propia evolución, estimulada por el desarrollo económico y las innovaciones tecnológicas. No se trata, por tanto, de excluir a lo ideológico de la esfera pública, sino tan sólo de sustituir las referencias relativas al combate político por la tesis del apaciguamiento político y de la eficacia económica, la llamada ideología tecnocrática, que se convierte durante 40 años en la única oferta ideológica capaz de imponerse.

Esta situación no podía escapar a la sagacidad de la sociología crítica, y así, en 1976, en el número 7 de la revista Actes de la Recherche en Sciences Sociales, vehículo del que se servía el entonces joven grupo de Pierre Bourdieu para dar a conocer sus trabajos, aparece, con el título de La producción de la ideología dominante, un largo artículo de más de 70 páginas, obra del grupo en su conjunto, pero cuyos dos principales autores fueron el mismo Bourdieu y su más próximo colaborador, Luc Boltanski. El texto y los numerosos materiales que lo componen son una carga en profundidad contra el orden establecido y una impugnación frontal y, en buena medida, provocativa contra los usos y los modos de las ciencias sociales en la Universidad y más ampliamente en la academia.

Frente a la interpretación convencional que retoma el fin de las ideologías y en la que sus contenidos desaparecen/se cancelan por cansancio o por indiferencia, lo que sucede hoy es que los marcos conceptuales que les son propios y que rigen sus conductas y acciones ya no tienen ninguna razón de ser, porque las decisiones que se toman, no dependen en modo alguno de sus estructuras ideatorias, sino de un conjunto de micromedidas, de dispositivos menores, de prácticas de detalle, que no responden a ningún imperativo global dictado desde arriba, sino a una incitación particular y difusa, movilizada sólo por las exigencias de funcionamiento cotidiano del sistema. Este hermetismo al universo de las ideas, esta inaccesibilidad al ejercicio de pensar, hacen que las concepciones del mundo sean ininteligibles, que simplemente no quepan, lo que convierte en radicalmente impracticable, además de inútil, toda ideología.

Ahora bien, los individuos y los colectivos no pueden vivir sin dotarse de motivos y de razones sobre lo que hacen y por qué y para qué lo hacen, por lo que, carentes de cualquier marco inspirado en las grandes explicaciones discursivas, tienen que recurrir a su historia privada, al patrimonio de anécdotas y de experiencias que dan sentido a su experiencia personal, a la trama de sus vidas, con sus triunfos y sus fracasos, sus tristezas y sus alegrías.

Desde esta consideración podemos entender mejor el éxito del story telling, la necesidad de los humanos, sobre todo cuando falta la racionalidad del pensamiento, de contarnos, de que nos cuenten historias. Así se explica mejor el absoluto primado de lo literario, la vigencia de lo narrativo en la sociedad actual y la dramática miseria del pensamiento. Hoy la vía más segura para el triunfo intelectual es escribir novelas policiacas con elementos people. Las universidades nórdicas lo están introduciendo en sus curricula, y la glorificación de las intimidades más húmedas viene acompañada por los referentes dominantes de nuestra contemporaneidad: el familismo, la juvenilidad, el egotismo sin límites.

Todo ello presidido por el economicismo empresarial, enseñado en las business schools, con su invocación constante a la racionalización de los medios, a la eficacia, a la innovación, pero sobre todo a la productividad, a la excelencia, al siempre más y mejor. Frente a la doctrina de la igualdad, aquí se predica a los mejores que sean aún mejores, superiores, más excelentes, que entren en la cultura de los campeones. Estamos en las antípodas del Mayo del 68 y de su voluntad de luchar contra la desigualdad, de privilegiar a los trabajadores, a los emigrantes, a los marginales, de no dejarse devorar por la incorporación al proceso productivo y al ascenso en la escala social. La desigualdad es una realidad natural, predican, que hay que aceptar y construir a partir de ella, valiéndose cada cual por sí mismo. Lo demás es huida de lo real, simple escapismo.

Este sálvese quien pueda provoca una permanente multiplicidad de microseísmos sociales, que maximizan las diferencias y las distancias entre unos y otros y producen un unánime antagonismo de todos contra todos. Sin principios ni valores comunes, la irreparable fragmentación resultante no tiene más tratamiento colectivo que el autoritarismo coactivo ni más práctica individual que la trampa y la marrullería. Para qué pensar si mandamos y engañamos. Lo que hace de nuestra vida colectiva un paisaje amenazado y tedioso en el que el hastío de lo público es incapaz de salir de su ensimismamiento poltrón y aprovechado y la mitificación de nuestros pequeños egos nos confina en la insignificancia de nuestras mismidades. Para todo ello, el único remedio de los que nos mandan es enseñarnos el palo, exhibir las catástrofes que nos amenazan. Con ello, la inseguridad y la violencia se convierten en nuestro destino inescapable, que nos condena a vivir en un aburrimiento átono y abotagado, pero sobre el que sabemos que pende la inminencia del desastre.

Claro que frente a la incuria de nuestros líderes y gestores, frente a la ineptitud de un poder en todas sus versiones -personal político, clase dominante, estructuras gubernativas- incompetente e incapaz, que sólo sabe recurrir a ritos y ceremonias y que pervive a golpe de anuncios incumplidos -después del último G-20 vendrán otros y otros-, sólo tenemos un recurso: la extraordinaria pujanza de los movimientos sociales, de los colectivos sociales de base. En todos los países, a todos los niveles, surgen y persisten como reacción a situaciones de opresión y de expoliación insoportables, como soportes y acompañantes de iniciativas que apuntan a la transformación de la sociedad.

José Vidal-Beneyto es director del Colegio Miguel Servet de París y presidente de la Fundación Amela.

EL AÑO DEL CUENTO

ANA RODRÍGUEZ FISCHER, El País, 01/08/2009

Historias tradicionales, argumentos reescritos, narraciones vivas, directas e impactantes sobre la vida en la sociedad contemporánea llenan las librerías en un año próspero para los libros de relatos.

Que el microrrelato no es un fenómeno literario reciente, deudor de la atomizada sociedad posmoderna y bla, bla, bla... lo demuestra Eduardo Berti en Los cuentos más breves del mundo (Páginas de Espuma), un primer volumen antológico de dicho "género" que abarca de Esopo a Kafka. Hurgando en la tradición oral y folclórica del mundo entero, en la ficción didáctica y en las fábulas, en las facecias y los ejemplarios medievales, en los apotegmas o proverbios narrativizados, en apólogos y leyendas, en la prosa poética y el poema en prosa, e incluso en los embriones o apuntes preservados en diarios, epistolarios y cuadernos de trabajo, Berti reúne una amplia y variada gavilla de estas piezas, extraídas de las literaturas orientales, firmadas por los clásicos de todos los tiempos o por autores menos conocidos que nos sorprenden gratamente. Es una pena, sin embargo, la exclusión de los microrrelatos escritos en lengua castellana (Berti aduce las múltiples antologías recientes, olvidando que éstas abrevan en lo novísimo), cuya inclusión mostraría su muy antiguo linaje y su coloquio con esas otras literaturas milenarias.
La noticia en otros webs

Después de Poe, el cuento moderno abandona su estructura circular y adopta una suave línea recta

Lispector explora las intensas sensaciones que depara la vida cotidiana o las impresiones que estampa la realidad

Quienes quieran explorarlas disponen de El espíritu del agua (Alianza Editorial): treinta y dos cuentos tradicionales japoneses que narran cómo el espíritu del agua convertido en anciano acaricia el rostro de los dormidos o cuentan otras historias hermosas e inquietantes protagonizadas por la doncella sin manos, el paipái mágico, el cortador de cañas de bambú, la hermana pájaro blanco, el chico melocotón, el yerno serpiente o el gorrión de la lengua cortada. En la mayoría observamos los tres rasgos más destacables de dicha tradición, según explica el editor del libro K. Takagi: la importancia del mar como elemento que condiciona la vida insular y del que brotan personajes y aconteceres; el protagonismo de la mujer en una sociedad agraria; y los finales tristes y melancólicos, símbolo del culto a la belleza perecedera.

Imelda Huang Wang y E. P. Gatón nos ofrecen una rica muestra de los Cuentos chinos del Río Amarillo (Siruela), los cuales, todavía rozando el mito, se remontan hasta la cuna de la civilización sínica y en su fluir dan cuenta de la multitud de dinastías que se fueron sucediendo y del imaginario colectivo de esa cultura. Nosotros los leemos prendidos a su encanto literario, casi mágico cuando la corriente del río se emborracha, las constelaciones llueven luz para poner coto a la tiranía, el viento tiene arrugas y enferma de vejez o el fuego sueña con calcinar el tiempo. Y también prestamos atención al mensaje político-filosófico y a la profunda lección de vida que transmiten.

Clásicos modernos
Justamente al servicio de la pedagogía filosófica pondrán los ilustrados y enciclopedistas del XVIII el cuento, género que por su maleabilidad y polimorfía se acopla con naturalidad a diversos discursos. Diderot los diseminó por toda su obra (en Jacques el fatalista, en los Salones y hasta en su correspondencia), convencido de que un ropaje narrativo o fabulesco aligeraba el mensaje aleccionador. Sus Cuentos (Ellago Ediciones) ofrecen una variada tipología: los hay galantes, morales, de hadas, filosóficos y escénicos o dialogados.

Con los personajes característicos de los cuentos de hadas y de las fábulas -niños, mendigos, ogros, leñadores, bufones, gigantes, príncipes-, las criaturas animadas de la naturaleza u objetos simbólicos -perlas, monedas- que de repente pueden cobrar vida -estatuas, cohetes-, y en espacios que propician la aventura o el suceso maravilloso -jardines, bosques, palacios, senderos, chozas-, Oscar Wilde construye bellísimos relatos impregnados de lirismo y portadores de un inequívoco mensaje aleccionador, condenando la injusticia, la avaricia, la tiranía y el orgullo, o ensalzando el amor, la bondad, la piedad, la generosidad, y cualquier otra conducta o sentimiento altruista. De estirpe tradicional, nos hablan directamente al corazón.
Los Cuentos reunidos (Lumen) de Sherwood Anderson son una excelente muestra de la obra del norteamericano en quien Faulkner reconoció al "padre de nuestra generación". Un buen número muestra la bronca y ruda vida cotidiana del agonizante Medio Oeste de entreguerras previo al proceso de industrialización y transformación al capitalismo, con el consiguiente trastrueque de valores, especialmente traumático y alienante en los adolescentes, cuyo punto de vista recoge admirablemente: con humor, cuando un joven relata la súbita pasión tan norteamericana por prosperar que se apodera de sus padres; con ingenua nobleza épica al retratar el mundo de las carreras de caballos con todo su prosaísmo poético (las cabañas de los negros que ríen y cantan, el olor a café y tocino, una pipa fumada al aire libre); o con decepción y desgarro en 'Soy un idiota' y 'El hombre que se convirtió en mujer'. Otros cuentos revelan cómo "la vida tiene formas de afearse" en las ciudades obtusas y muertas de Kansas o cómo los hombres de la periferia decadente de Chicago cavan pozos cada vez más profundos y alzan muros que los alejan del calor, la luz, el aire y la belleza. En otros, Sherwood Anderson se autorretrata como escritor: con mordacidad e ironía ('El triunfo de un moderno') o afirmando la crudeza de su personal poética narrativa: seca y escabrosa, ajena a la retórica al uso pero heredera de la oralidad.

Reescrituras
En la estela de los clásicos, la colección Remakes (451 Ediciones) se engrosa con dos nuevos tomos, muy desiguales en su calidad.
En After Henry James, partiendo de los famosos "embriones" que el escritor norteamericano dejó en sus Cuadernos -anotados en detalle o sólo esbozados en cuatro líneas-, siete escritores desarrollan algunos de aquellos argumentos nonatos. Quienes arrancan de una apuntación amplia y precisa apenas se desvían del embrión, salvo en la obligada actualización de los componentes del relato (como ocurre en el de Soledad Puértolas). Otros autores, sin embargo, nos ofrecen su personal forma de ser jamesianos. A través de dos primos descendientes de republicanos exiliados en México que se consideran Gemelos Mágicos y se ilusionan con ser dobles accidentales, Juan Villoro cuenta cómo uno de los jóvenes, para librarse de su secreto, decide cargar con el del otro, que le serviría de compañía. Si (en el esbozo jamesiano) la única seguridad de P. B. para salvar su matrimonio reside en mantenerse lejos de Francia, Andrés Barba enfoca una joven pareja ante su inminente traslado a Berlín, barajando las correspondientes expectativas de renovación, en un relato ambiguo y sugerente, que hurga en los sentimientos y repliegues de la interioridad. Molina Foix desarrolla una propuesta de moeurs littéraires en la figura de Golston Linacre, afamado escritor que descubre que bajo la firma de Mathias Crook y las demoledoras críticas que le dedica se esconde la mujer a quien ama. El volumen se completa con cuentos de Margot Glance y Javier Montes, entre otros.

Poe es el otro remake reciente. Un volumen cuyos cuentos van demasiado pegados a gatos negros, cuervos, Ligeias, mesmerismo, escarabajos de oro, cartas robadas, montañas escabrosas, mansiones Uxer , Marie Róget u otros elementos tan poderosos como emblemáticos de la obra del maestro del terror y del suspense policial. Quizá por ello no todos los autores salen airosos en su personal propuesta de actualización del gran clásico.

Clarice Lispector
Sherwood Anderson detestaba los poison plots, los argumentos tramposos de final inesperado. Y aunque algunos escritores se sigan confiando al ingenio, después de Poe el cuento moderno abandona su estructura circular y adopta una suave línea recta, para narrar un fragmento de vida cuya intensidad no depende ya tanto de la peripecia y su desenlace como de la tensión interna que el autor sepa imprimirle. Partiendo de un inicio in media res lo bastante poderoso para proyectar la imaginación del lector más allá de lo estrictamente representado o contado, se nos instala ante una situación ya desencadenada y a cuya resolución no siempre podemos asistir porque, concluido el relato, no parece que en realidad haya acabado: vidas y sucesos siguen latiendo.

Los Cuentos reunidos (Siruela) de Clarice Lispector ilustran magníficamente ese quiebro. Tan buena lectora de Mansfield y Dostoievski como de Joyce Woolf y los grandes autores de la tradición propia, la escritora brasileña explora en sus relatos las intensas sensaciones que depara la vida cotidiana o las impresiones que estampa la realidad, las epifanías que estallan como una fulguración poética o los prosaicos lazos de su familia, "el viacrucis del cuerpo" y su poder genesiaco en tanto que fuente y sustento del mito o el dolor, la miseria y otras heridas que una sociedad injusta y absurda perpetra en el ser humano. Sin barreras genéricas ni limitaciones formales, con extrema libertad expresiva, como en sus grandes novelas, también en estos cuentos Clarice Lispector desnuda y perfora la existencia.
Nuestros contemporáneos

Oficios estelares (Destino), de Felipe Benítez Reyes, reúne dos libros anteriores y otro inédito. En Un mundo peligroso predomina la maravilla y la sorpresa de las transformaciones que la aparición de un elemento extraño provoca en el orbe real, instalando a estas criaturas en el territorio fronterizo entre la vigilia y el sueño. Pueden provocar ese efecto la breve parada de los vagones de un circo y su troupe en un pueblecillo, las anotaciones de una agenda encontrada en la basura, los viajes imaginarios o reales, la caza de un animal prodigioso, o descubrir la vocación de invisibilidad de los objetos, con su mezcla de violencia y terror. En Maneras de perder hallamos quince biografías del fracaso que ilustran otras tantas formas de vivir el tiempo, la soledad, el amor, las ilusiones o la ambición, en relatos breves y concisos, que combinan ternura y crueldad, prosaísmo y poesía, realidad y absurdo. Fragilidades y desórdenes culmina esta poética de la sugerencia que Benítez Reyes sostiene sobre lo visto y no visto, sobre el antes y después de lo contado, sobre voces de entelequias fugitivas o sobre el fluir de las conciencias.
También de tiempos y libros muy alejados entre sí proceden los ocho relatos reunidos en Aeropuerto de Funchal (Seix Barral), de Ignacio Martínez de Pisón. Y, salvo un par que acusa más las notas ambientales y ciertas claves de época, la mayoría son instantáneas interiores que hablan del amor y el desvanecimiento del hechizo de un viejo músico de una orquesta de pachanga, la desazón y la soledad del adolescente enamorado de su prima, la conmovedora impostura de un refinado bufón, el terror ante la muerte de la hija, la perversidad adulta del otrora gracioso niño travieso que sigue despreciando y humillando a los débiles, la hipocresía yacente bajo las convencionales fotos de familia, la peculiar moral de un traficante de ilusiones y promesas o el manojo de sentimientos contrarios que anidan en las relaciones de pareja.

Tanta gente sola (Seix Barral), de Juan Bonilla, es un libro sólida y profundamente trabado y cohesionado, gracias a la reaparición de personajes, la variada gama de leitmotiv y la variación de una misma circunstancia: la radical soledad del hombre actual pese a las múltiples conexiones que ofrece el mundo de la Red y su extravío o pérdida de identidad en esta sociedad del espectáculo donde impera la dictadura del éxito medido en cifras: un mundo al revés donde una suma de fracasos puede constituir un gran éxito. Historias siniestras y cínicas, divertidas y entusiastas, donde la mirada vitriólica de Bonilla recorta el presente más rabioso, con un lenguaje tan preciso e incisivo como repleto de resonancias y sugerencias, según convenga, más el humor, la ironía y la irreverencia necesarias para poder digerir tanta sordidez.

Ray Loriga opta por borrar todo rastro circunstancial y replegarse en una esencialidad para contar el destino de un oficial que se enamora del joven soldado que imita y parodia sus gestos (Los oficiales) o el de una mujer que sufre con fastidio el asedio de sus amantes y se convierte en "víctima irresponsable de tres locuras diferentes" (El destino de Cordelia) (El Aleph).

Ellas también cuentan
En Cuentos de amigas (Anagrama), Laura Freixas repite la propuesta de Madres e Hijas: reunir quince cuentos de escritoras españolas del siglo XX (algunos encargados expresamente para la ocasión), que tratan de las relaciones entre amigas, amantes, colegas, compañeras o maestras y discípulas, mayoritariamente situadas en la infancia. La selección es desigual. De Rosa Chacel no se incluye el que mejor encajaría aquí, 'Juego de las dos esquinas', un relato inquietante y perturbador, con una atmósfera similar a la del excelente 'Lúnula y Violeta', de Cristina Fernández Cubas. Carmen Martín Gaite subraya las diferencias de clase en la España de los cincuenta, cuando enfoca la vida cotidiana de Paca y Cecilia, dos vecinitas y amigas; Paloma Díaz-Mas evoca los días escolares de Carmencita y el magisterio de doña Rosita (beata y solterona) en un colegio religioso, escenario del cuento de Luisa Castro, que evoca el amasijo de afectos nacido en un patio escolar; la protagonista de Juana Salabert descubre a través del telediario el trágico final que tuvo su "amiga de verano", víctima de la violencia de género. Otros relatos contrapuntean distintos modelos de mujer: Josefina Aldecoa lo hace a partir de Julia y Cecilia, dos viejas amigas que, ya en la madurez, rememoran los proyectos y sueños de la juventud; Clara Sánchez, por su parte, presenta a dos amigas que seguirán destinos opuestos y cómo la científica independiente suplanta por un día la vida de su amiga Alicia, casada y madre. Todos auscultan los sentimientos y los conflictos

íntimos.
En Media docena de robos y un par de mentiras (Alfaguara), Mercedes Abad lanza una propuesta tan insólita como divertida, que aparentemente se le ocurre tras la lectura de Vieja escuela, de Tobias Wolff, novela que trata de un robo literario y sus consecuencias. Porque, si existe y se tolera la figura del "comisario de arte" ("un individuo que selecciona determinada cantidad de obras firmadas por distintos autores y las expone bajo la égida de su propio nombre"), ¿no puede un escritor hacer algo parecido? ¿No habíamos quedado en que la propiedad privada encubre siempre algún tipo de robo?, se pregunta Abad en una breve y oxigenante presentación de Media docena de robos y un par de mentiras. Así que la autora se dispone a ejecutar sus principios y contar sus sustracciones, cada una de ellas enmarcada en un breve prólogo que desvela las circunstancias en que se produjo la apropiación indebida y la identidad del "expoliado". El humor y la irreverencia hilvanan relatos disparatados en los que un variopinto grupo de personajes vive situaciones tan cotidianas como absurdas y al final... ¿Nos había mentido Mercedes Abad al principio?
Flavia Company también escribe relatos vivos y directos, algunos muy breves, todos ambientados en el presente: la mujer que viaja en tren en estado de ausencia y que al final del trayecto presiente que el suyo acaba de empezar; el nacimiento de la sospecha entre una pareja de amantes jubiladas; el perseguidor que descubre que su presunta víctima lo busca a él; el sobresalto de Arturo Gómez al subir a un taxi y escuchar "llevaba tiempo esperándote"; la tensa relación entre una señora y su silenciosa y perfecta pero enigmática criada; el desasosiego por el hallazgo en el cepillo de dientes de un pelo púbico no identificado; o las figuraciones de una pareja encerrada en la caja de un ascensor son algunas de las situaciones límite de Con la soga al cuello (Páginas de Espuma).

Directos e impactantes son los cuentos de Callejón con salida (Siruela), de Elsa Osorio, escritos casi todos en el lenguaje astillado y tenso propio del monólogo interior, que también imanta otras voces. Muchos se remontan a los atroces tiempos de la dictadura militar argentina y pautan las secuencias de la represión inicial más los dramas y tragedias desatados, o bien las secuelas y desenlaces veinte años después, con el triunfo de la justicia y de la voluntad de vida. Casi todos ahondan en el alma femenina: dibujan sueños imposibles, fijan imágenes que se imponen con perseverancia, persiguen la naturaleza de un olor nauseabundo, trazan la brecha entre "el afuera" y el yo, o celebran la germinación espontánea del instinto maternal en el delicioso 'Ahitá'. Todos comparten el final luminoso, el Callejón con salida prometido en el título.

Experta en abrir brechas en la costumbre, a través de las que asoma el envés incomprensible de la vida, es la norteamericana Amy Hempel. Sus Cuentos completos (Seix Barral) son un soberbio tomo de los cuatro libros que en los últimos veinte años le merecieron una exquisita y selecta reputación. Con un lenguaje incisivo y contundente, Hempel hace desfilar un abigarrado conjunto de criaturas anodinas, fracasadas, débiles, alucinadas, enfermas... que aspiran a escuchar el regocijo del corazón, a gozar el éxtasis de las profundidades, a aprender a defenderse del miedo, a vivir en lugares afables y sin roces, a que les cuenten sólo banalidades y cosas que se puedan olvidar, a escapar de un mundo de sedados e indiferentes o a averiguar que lo que les ocurre no es bueno. Por fortuna, el humor y el ingenio están siempre presentes en estas historias "humanas, demasiado humanas".