Con la elección reciente a la presidencia de la República de el Salvador del candidato Mauricio Funes, representando a la ex guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), América Latina continúa reafirmando su tendencia a elegir presidentes con mayor autonomía relativa frente a las políticas imperiales trazadas por los gobernantes norteamericanos hacia la región.
La elección de Funes se suma a la de otros presidentes de la misma tendencia en América Latina, que se inició con la elección del ex coronel Hugo Chávez Fría en la República Bolivariana de Venezuela manifestada en sucesivas elecciones y referéndum y posteriormente con la elección de los presidentes Rafael Correa, Daniel Ortega y Evo Morales en Ecuador, Nicaragua y Bolivia, respectivamente, con un giro claro hacia posiciones más independientes de los Estados Unidos; aunque los gobiernos de Ignacio Lula Da Silva en Brasil, Manuel Zelaya Rosales en Honduras y los dos encabezados por los esposos Kirchner en Argentina, con una posición más moderada que los dos anteriores, asi como los gobiernos de Leonel Fernández en República Dominicana, la Bachelet en Chile y Arias en Costa Rica de factura más conservadora que los anteriores, marcaron también su diferencia e independencia respecto a Washington.
Esa tendencia, que se registra a principio de los años noventa del siglo pasado, no significa todavía que haya un vuelco radical al interior de sus respectivas formaciones económico/ sociales, ya que hasta el momento esos gobiernos no han podido introducir cambios profundos para romper con el orden social establecido por las viejas oligarquías dominantes en esos países. De estos gobiernos, solo los de Chávez, Morales y Correa han pasado un poco de la retórica a los hechos enfrentado las viejas estructuras de poder. En la mayoría de los casos, esos gobiernos solo se han limitado a introducir algunas reformas en el orden constitucional, tocando aspectos poco relevantes en el régimen de la propiedad de la tierra y la distribución de la riqueza, concentrándose básicamente en los aspectos relacionados con la estatización de algunas empresas consideradas estratégicas en manos del capital foráneo, la reelección y revocación de los mandatos, dejando fuera de su agenda efectiva el tema de la estructura de poder en manos de las oligarquías de viejo y nuevo cuño y de los privilegios de clase que se han erigido históricamente sobre el conjunto de la sociedad excluida, como son los trabajadores del campo y la ciudad, los desempleados, las diferentes etnias indígenas que constituyen junto a mestizos, negros y mulatos cerca del 80% de la población en los países del Caribe, Centro y Sur América.
Concomitantemente con los limitados cambios que han podido introducir en sus respectivas formaciones económicas sociales, se observa en cada uno de esos gobiernos la falta de un enfoque político ideológico alternativo al modo de producción capitalista que oriente la definición de una línea estratégica basada en objetivos y resultados políticos. La falta de un enfoque ideológico, podría tener alguna explicación en la crisis ideológica postmoderna que dejaron como resultado la caída de los regímenes socialistas reales de la ex Unión Soviética y Europa Oriental que influye en la crisis de la izquierda marxista.
Finalmente, si no se producen cambios significativos que rompan las viejas estructuras económicas sociales para des-estructurar las jerarquías sociales predominantes, redistribuir el poder político y las riquezas de la que ha sido excluida la mayoría de la población, nuestros pueblos podrían frustrarse y volver a girar la rueda de la historia hacia atrás, ya que muchos de estos cambios hacia la izquierda tienen su origen en la crisis económica que los modelos neoliberales impulsaron desde Washington.
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