FERNANDO FERNANDEZ DUVAL
El golpe de estado contra el gobierno constitucional de Honduras de Manuel Zelaya, puso al desnudo la verdadera naturaleza del gobierno del presidente Barack Obama, sin importar sus ideales y principios políticos, si es bueno o mal hijo, esposo, padre, amigo, si va a la iglesia los domingos, si es inteligente o no, si culturalmente es blanco o negro, etc., ya que por encima del hombre Obama, están los intereses estructurados de la plutocracia del imperialismo que controla el ejercicio del poder en Estado Unidos y en la mayoría de los gobiernos y la clase política en América Latina. Una simple cronología de los hechos acaecidos en Honduras a partir del 28 de junio, cuando se produce el golpe de estado, confirma esta tesis, pues el gobierno de Obama se movió siempre en forma dubitativa, que uno podría imaginar de antemano, cuál podría ser su posición, ya que trataba de ganar tiempo, como Penélope, para esperar la celebración de las elecciones hondureñas y fijar definitivamente la posición que le interesa al imperio, ¿cuál es?, el apoyo a las elecciones que convocó la dictadura de Micheletti para legitimar el golpe de estado; ya antes, el presidente de Estados Unidos había dicho que su gobierno apoyaba solo la democracia en Honduras.
¿Sería acaso democrático un gobierno que salga de unas elecciones convocadas por un régimen de facto sin un mínimo de consenso con las fuerzas que se le oponen que son más de la mitad de la población?
La nueva posición del gobierno de Barack Obama recuerda la fábula “La Naturaleza No Engaña”, en la cual, el león y el hombre que protagonizan la historia se encontraron rodeados de enemigos comunes en un lugar de la selva africana. Si el león, como era su costumbre decidiera atacar al hombre para comérselo, en cualquier momento los enemigos que los tenían sitiados a ambos en el menor descuido podrían entrar a su territorio y matarlo. Lo mismo le hubiera sucedido al hombre si decidera terminar con los días del rey de la selva. Esta situación los obligó a jurar un pacto de mutua conveniencia, cuya finalidad era protegerse. Si por ejemplo, el león dormía su siesta y sus noches después de una opípara comida, el hombre se quedaba despierto para vigilar el territorio. Si el hombre dormía, el león haría lo mismo. Ese pacto se cumplió durante varios días sin mucha novedad. Pero una noche, el hombre se echó a dormir mientras dejaba despierto al león a cumplir con la tarea convenida. Cuando el hombre ya estaba dormido oyó muy cerca el rugido de un león que se precipitaba a toda velocidad por la estepa africana a devorarlo. Al despertar asustado, el hombre observó que ciertamente lo que estaba soñando en ese momento era una realidad, pues el león estaba prácticamente sobre él en posición de mortífero ataque. Fue cuando el hombre, impotente e indefenso, arrojado sobre el suelo por la fiera, le grita audazmente: ¿en que quedamos amigo león? El león sacude instintivamente su salvaje melena, baja el rabo, al tiempo que detiene su ataque infernal y le responde: excúseme amigo, es que la naturaleza me traiciona.