lunes, 25 de enero de 2010

LAS LECCIONES APRENDIDAS DESPUES DEL GOLPE A ZELAYA

FERNANDO FERNANDEZ DUVAL
El presidente Manuel Zelaya viene al país mañana miércoles procedente de Honduras en el mismo avión en que regresa el presidente Leonel Fernández, tras arribar a acuerdos con el presidente electo de ese país centroamericano y recibir un salvaconducto para viajar a Santo Domingo del gobierno dominicano.

La situación que vivió el presidente Zelaya tras el golpe de estado del 28 de junio del 2009, encabezado por Micheletti, Romeo Vázquez, una parte considerable del empresariado con el respaldo de influyentes sectores pentagnistas de los Estados Unidos y con el rechazo de la comunidad internacional, no tiene parangón, ya que, cual odiseo, viajó y viajó sin rumbo claro de Washington a Buenos Aires, hasta regresar finalmente a su patria para negociar en el terreno su retorno al poder y recordarle al mundo que era él y no Micheletti el presidente constitucional de Honduras.

Lamentablemente la naturaleza traicionó a muchos, pues aparentemente al gobierno de Barack Obama los pentagonistas le doblaron el pulso para que las elecciones convocadas por los golpistas resolvieran la crisis, acatando sus ilegitimos resultados. También, el resultado de esas elecciones dividió a la comunidad internacional, ya que una parte de la misma se sumó a la posición de Washington como una imposición de la real politica, y la otra se quedó exanime en la retórica pseudoizquierdista; mientras tanto, el presidente Zelaya se aislaba o se cocía en su propia salsa con pocas o ningunas alternativas que no fuera la inmolación en la embajada de Brasil en Tegucigalpa.

Los acontecimientos ocurridos en Honduras después del golpe de estado, fueron más interesantes para los estudiosos de la política como fenómeno de poder, que el golpe mismo, pues se confirma la tesis del dominio de Washington sobre la mayoría de los países de la región y la incapacidad de influir y reaccionar de los gobiernos que dicen adversar las políticas imperiales de Estados Unidos.
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El terremoto del pasado 12 de enero en Haití, no solo convirtió la vida de este hermano país en una gran tragedia humana, sino también en la excusa del gobierno de Estados Unidos para ocuparlo militarmente, con el pretexto de organizar la cooperación internacional y establecer el orden y la seguridad en las principales ciudades haitianas, principalmente en Puerto Principe, con lo cual estaríamos totalmente de acuerdo, si la coordinación para la coorperación y el orden fueran dirigidos por organismos internacionales dirigidos por Naciones Unidas, ya que para Toq la ocupación del territorio haitiano en el fondo esconde intereses de geopolitica en la región del Caribe y muy probablemente para controlar el trafico de droga proveniente de Colombia.
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En el día de hoy, vimos por televisión al presidente del PRD, Ing. Miguel Vargas Maldonado, quejándose de que a cambio del apoyo a la reforma constitucional, el presidente de la República le prometió que iba a apoyar la ley de partidos y que en la presente legislatura no se ha aprobado todavía.

La queja del presidente del PRD, no está motivada en que el país tenga una nueva ley de partidos, porque cuando el PRD fue mayoría en el congreso, la aprobación a dicha ley recibió la misma respuesta destemplada del presidente del senado y la mayoría de los congresistas del PRD que acompañaron al presidente del partido blanco en su alocución.

La causa por la cual no se haya aprobado la ley de partido, ni cuando el PRD tuvo mayoría congresual, ni ahora que el PLD la tiene, se debe básicamente al tema del uso de los recursos del Estado en la campaña a favor de sus candidatos.

La actitud de los congresistas del PLD ahora, es como pagarle al PRD con la misma moneda que el PRD le pagó ayer. La de Miguel Vargas en su alocución de hoy 25 de enero, parecería de doble moral.

Aunque lo cierto es que el país necesita no solo una nueva ley de partidos, sino una nueva ley electoral que amplíe los derechos de participación de la ciudadanía en los organos de dirección del Estado. Sobre este último tema, Toq está casi seguro que el PRD y el PLD se pondrían de acuerdo para evitar la aprobación a dicha ley, porque de aprobarse, el monopòlio de los partidos sobre la sociedad y el negocio de sus dirigentes tendrían sus días contados.
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CUANDO HAITI NO SEA NOTICIA
JOSÉ MARÍA RIDAO 21/01/2010

La pregunta de qué sucederá con Haití cuando no sea noticia comienza a repetirse con cierta frecuencia. Si se atiende a la experiencia de tragedias anteriores, unas naturales y otras provocadas, la respuesta, por desgracia, resulta descorazonadoramente sencilla: nada muy distinto de lo que está pasando ahora. Los medios de la ayuda internacional seguirán siendo insuficientes y, si acaso, lo único que se habrá desvanecido será la sensación de urgencia, la conciencia de que cada hora que pasa resulta decisiva para paliar los efectos de la catástrofe. Hombres, mujeres y niños seguirán deambulando por lo que fueron sus ciudades y sus casas, sólo que uno o varios escalones por debajo del umbral de extrema miseria en el que se encontraban antes del terremoto.

Aunque resulte sorprendente, en una catástrofe como la de Haití hay, por así decir, poca noticia, aunque de colosales dimensiones. En realidad, sólo una, que se puede resumir en pocas palabras: un temblor de tierra ha devastado un país entero y dejado decenas de miles de cadáveres. A partir del momento en que el resto del mundo conoce un enunciado tan brutal y tan escueto, el esfuerzo para ilustrarlo y darle desarrollo tiene que ajustarse necesariamente a un mismo e invariable esquema. Primero, los testimonios del momento crítico; luego, la búsqueda desesperada de supervivientes; poco después, el consuelo de los milagros, cada vez más raros a medida en que pasan los días; finalmente, las escenas de pillaje a consecuencia del hambre, la sed y la desesperación.

Pero, siempre a juzgar por la experiencia de tragedias anteriores, en este esquema repetido una y otra vez llega un momento en que, de manera imperceptible, las noticias van cambiando de protagonista. Junto a las víctimas, y muchas veces suplantándolas, empiezan a aparecer fardos de ayuda debidamente identificados según sus remitentes, equipos de voluntarios cuya organización se reconoce por los logotipos que lucen en gorros y chalecos, dirigentes de países que se han volcado en el envío de ayuda. Éste es, sin duda, un instante crítico, si no para la suerte de la población, que ya está echada para décadas, sí, al menos, para un asunto del que cuesta hablar cuando aún permanecen miles de cadáveres bajo los escombros: la ostentosa exhibición de la solidaridad, no la solidaridad misma, provoca en ocasiones la impresión de estar presenciando un acto indecente.

Cuando la noción de visibilidad se ha convertido en un criterio habitual para las agencias de cooperación, organismos oficiales de ayuda e, incluso, ONG, el riesgo de roces entre donantes se multiplica, como se comprobó hace pocos días con las declaraciones de responsables políticos franceses y brasileños en relación con el despliegue de los marines norteamericanos. Por descontado, detrás de estos roces existe sobre todo un problema de coordinación internacional que tarde o temprano acabará por resolverse. Pero cuesta cerrar los ojos ante la dimensión moral que queda en evidencia, sea relevante o no para quienes necesitan socorro y hay que llevárselo. ¿Esto es solidaridad con los haitianos o simple satisfacción narcisista de contemplarnos a nosotros mismos defendiendo una causa incontestable?
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HAITI: UN DESAFIO INTERNACIONAL

Miro una foto de una tristeza, dolor, crueldad y violencia inmensas: un hombre toma del pie el cadáver de un niño y lo arroja al aire. El cuerpo va a dar a la montaña de cadáveres -decenas de millares en una población de 10 millones-. Saldo terrible del terremoto en Haití. Cuesta admitir que una catástrofe más se añada a la suma catastrófica de esta desdichada nación caribeña. El 80% de sus habitantes sobrevive con menos de dos dólares diarios. El país debe importar las cuatro quintas partes de lo que come. La mortalidad infantil es la más alta del continente. El promedio de vida es de 52 años. Más de la mitad de la población tiene menos de 25 años. La tierra ha sido erosionada. Sólo un 1,7% de los bosques sobreviven. Tres cuartas partes de la población carece de agua potable. El desempleo asciende al 70% de la fuerza de trabajo. El 80% de los haitianos vive en la pobreza absoluta.

Los huracanes son frecuentes. Pero si la naturaleza es impía, más lo es la política humana. Primer país latinoamericano en obtener la independencia, en 1804, se sucedieron en Haití gobernantes pintorescos que han alimentado el imaginario literario. Toussaint L'Ouverture, fundador de la República, depuesto por una expedición armada de Napoleón I. El emperador Jean-Jacques Dessalines extermina a la población blanca y discrimina a los mulatos, pero es derrotado por éstos. Alexandre-Pétion, junto con el dirigente negro Henry Christophe, convertido en brujo y pájaro por Alejo Carpentier en su gran novela El reino de este mundo, espléndido resumen novelesco del mundo animista de brujos y maldiciones haitianas. Fueron los "jacobinos negros".

El verdadero maleficio de Haití, sin embargo, no está en la imaginación literaria, ni en el folclore, sino en la política. Sólo después de la ocupación norteamericana (1915-1934), Haití ha sufrido una sucesión de presidentes de escasa duración y una manifiesta ausencia de leyes e instituciones, vacío llenado, entre 1957 y 1986, por Papá Doc Duvalier y su hijo Baby Doc, cuyas fortunas personales ascendieron en proporción directa al descenso del ingreso de la población, el desempleo y la pobreza. Patrimonialismo salvaje que intentó corregir, en 1990, el presidente Jean-Baptiste Aristide, exiliado en 1991, de regreso en 1994, y desplazado al cabo por el actual presidente René Préval.

Este carrusel político no da cuenta de las persistentes dificultades provocadas por la guerra de pandillas criminales, herederas de los terribles tonton-macoutes de Duvalier, incontenibles para una policía de apenas 4.000 hombres y avasallada por las realidades de la tortura, la brutalidad, el abuso y la corrupción como normas de la existencia.¿Qué puede hacer la comunidad internacional sin que los préstamos del Banco Mundial o del Banco Interamericano desaparezcan en el vértigo de la corrupción? La presencia de una fuerza multinacional de la ONU, la MINUSTAH o Misión Estabilizadora (con gran presencia brasileña) ha contribuido sin duda a disminuir el pandillismo, los secuestros y la violencia. La inflación disminuyó de 2008 acá de un 40% a un 10% y el PIB aumentó en un 4%. Prueba de que hay soluciones, por parciales que sean, a la problemática señalada. Pero hoy, el terremoto borra lo ganado y abre un nuevo capítulo de retraso, desolación y muerte.

La comunidad internacional está respondiendo, a pesar de que Puerto Príncipe ha perdido su capacidad portuaria, el aeropuerto tiene una sola pista y el hambre, la desesperación y el ánimo de motín aumentan. El presidente Barack Obama ha dispuesto (con una velocidad que contrasta con la desidia de su predecesor en el caso del Katrina en Nueva Orleans) medidas extraordinarias de auxilio.

Obama ha tenido cuidado en que el apoyo norteamericano sea visto como parte de la solidaridad global provocada por la tragedia haitiana, y ha hecho bien. Las intervenciones norteamericanas en Haití están presentes en la memoria. Entre 1915 y 1934, la infantería de marina de Estados Unidos ocupó la isla y sólo la llegada de Franklin Roosevelt a la Casa Blanca le dio fin a la intervención. No hay que ser pro-yanqui para notar que la ocupación trajo orden, el fin de la violencia y un programa de obras públicas, aunque no trajo la libertad, ni acabó con la brutalidad subyacente de la vida haitiana.

La presencia actual de muchas naciones y muchas fuerzas, militares y humanitarias, en suelo haitiano, propone una interrogante. Terminada la crisis, pagado su altísimo costo, ¿regresará Haití a su vida de violencia, corrupción y miseria?
Acaso el momento sea oportuno para que la comunidad internacional se proponga, en serio, pensar en el futuro de Haití y en las medidas que encarrilen al país a un futuro mejor que su terrible pasado. Que dejado a sí mismo, Haití revertirá a la fatalidad que lo ha acompañado siempre, es probable. Que la comunidad internacional debe encontrar manera de asegurar, a un tiempo, que Haití no pierda su integridad pero cuente con apoyo, presencia y garantías internacionales que asistan a la creación de instituciones, al imperio de la ley, a la erradicación de la pobreza, el crimen, la tradición patrimonialista y la tentación autoritaria, es un imperativo de la globalidad.

Ésta, la globalización, encuentra en Haití un desafío que compromete la confianza que el mundo pueda otorgarle a la desconfianza que todavía la acecha. La organización internacional prevé (o puede imaginar) maneras en que Haití y el mundo unan esfuerzos para que la situación revelada y subrayada por el terremoto no se repita.

Haití no debe ser noticia hoy y olvido pasado mañana. Haití no cuenta con un Estado nacional ni un sector público organizados. Los Estados Unidos de América no pueden suplir esas ausencias. La inteligencia de Barack Obama consiste en asociar a Norteamérica con el esfuerzo de muchos otros países. Porque Haití pone a prueba la globalidad devolviéndole el nombre propio: internacionalización, es decir, globalidad con leyes.

P.S. Una manera de entender a Haití más allá de la noticia diaria consiste en leer a algunos autores de un país de cultura rica, economía pobre y política frágil. Me refiero a Los gobernadores del Rocío de Jacques Roumain, un autor que partió de una convicción: el orgullo de los haitianos en su cultura. Tanto en Los gobernadores como en La presa y la sombra y La montaña encantada, Roumain resume en una frase el mal de Haití: "Todo mi cuerpo me duele". Junto con él, los hermanos Pierre Marcelin y Philippe Thoby-Marcelin escribieron la gran novela del Haití del vudú, las peleas de gallos y la superstición, Canapé-Vert, así como El lápiz de Dios y Todos los hombres están locos. Esta última prologada en inglés por Edmund Wilson, quien ve en ella, más allá del drama de Haití, "la perspectiva de las miserias y fracasos de la raza humana, nuestros amargos conflictos ideológicos y nuestras ambiciones aparentemente inútiles".

jueves, 14 de enero de 2010

LA TRAGEDIA HAITIANA NOS GOLPEA Y HASTA NOS MATA

FERNANDO FERNANDEZ DUVAL

La tragedia haitiana nos golpea el corazón.
Nos hiere en todo el cuerpo y hasta nos mata.
La tragedia haitiana es nuestra y como tal, debemos salir en ayuda de ese pueblo.
La compasión es el sentimiento humano primigenio más alto, porque es la base del amor y la solidaridad.
En esta hora triste, seamos compasivos con el pueblo haitiano y vayamos sin reserva en su ayuda.
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A propósito de la tragedia haitiana, mucha gente cree que la cooperación internacional va a contribuir de ahora en adelante con la solución del problema de ese país, que con el sismo del martes último, lo único que hizo fue agravarse.

La cooperación durará algunos meses. Se aportará algún tipo de ayuda, especialmente aquella que esté alineada con los intereses del país que ayuda. Después, el país cooperante tomará sus bártulos y dejará a los haitianos con sus problemas seculares agravados. No nos hagamos ilusiones, porque si así hubiera sido, Haití fuera otra cosa y no el país más pobre del hemisferio occidental, a pesar de las promesas de Francia que esclavizó y explotó al hermano país, los Estados Unidos y Canadá.
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Que el capo Figuereo Agosto se acostara con Mery Peláez, Sobeída Feliz o con la mujer del asesinado coronel González y González u otras hembras del harén, no es una cuestión que debiera interesarnos para nada. Lo que realmente nos interesa son los policías, los militares, los empresarios y funcionarios de este o aquel gobierno que nos defraudó tanto y que forman parte de la red que encabeza el capo boricua y que el informe parece que oculta, porque al parecer se caerían todos los altares, como dijo Lilis en ocasión de designar en medio de una crisis nacional el Padre de la Patria frente a la polémica que protagonizaran intelectuales de la época y parientes de Juan Pablo Duarte y Francisco del Rosario Sánchez.

Las mujeres que el capo Figuereo Agosto se dio cargado de pasión y furor sexual, es una cuestión de índole personal que las autoridades policiales y judiciales resaltan como cuestión de orden público para despertar el morbo de la población, para que de esa manera nos olvidemos de los otros que no están en el informe.

La población debe exigir profundizar las investigaciones y todo aquel que tenga algún tipo de informaciones, que lo haga con toda responsabilidad, incluyendo a periodistas y políticos que están haciendo su (A)gosto irresponsablemente, con señalamientos sin ninguna base, solo con el propósito de dañar reputaciones o de ganar políticamente como huestes carroñeras.