lunes, 13 de abril de 2009

ACERCAMIENTO ENTRE WASHINGTON Y LA HABANA

En sociología política existe un principio arraigado en el sentido común conocido como ley de la conveniencia, que explica que los actores políticos se mueven atendiendo a sus propios intereses. Este principio quizás explique la fuerza que dentro del concepto de clases sociales de Carlos Marx impulsa la acción social y política de los individuos organizados en un agrupamiento social concreto más o menos homogéneo y determinado por las relaciones sociales de producción. Hago esta introducción para poder entender la distensión que se podría estar produciendo en estos momentos entre la Habana y Washington después de cuatro décadas y pico de agrias confrontaciones en el plano político ideológico, que incluso motivaron a Estados Unidos a apoyar la invasión de mercenarios de guerra en Bahía de Cochinos y la amenaza nuclear por parte de la Habana con el despliegue de misiles con ojivas nucleares soviéticos apuntando hacia territorio norteamericano a principio de los años sesenta. Entonces, si los actores políticos se mueven orientados por intereses particulares o grupales, las preguntas obligadas serían, ¿qué gana Washington con acercarse a la Habana? ; así mismo, ¿qué gana la Habana con acercarse a Washington?

Intentemos responder brevemente estas preguntas con cuatro argumentos y tres hipótesis a modo de conclusión; a saber:

Después de la ascensión al poder de la revolución cubana dirigida por Fidel Castro e integrada por un grupo de comandantes y guerrilleros que bajaron triunfantes de la sierra Maestra contra el gobierno presidido por el dictador Fulgencio Batista, Estados Unidos y los países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA), a excepción de Méjico, decidieron expulsar al régimen de la Habana del sistema interamericano rompiendo todo tipo de relaciones diplomáticas con Cuba bajo el alegato de la “amenaza que representa para el hemisferio la exportación de la revolución comunista”. Con esta decisión, los gobernantes de ese país mantuvieron hasta la fecha la errónea tesis de que aislando a la revolución cubana del Continente ésta (la revolución) desaparecería de forma espontánea, así mismo, pretendían impedir el contagio o la imitación de otros pueblos gobernados por tiranos; sin embargo, los hechos posteriores han desmentido esa tesis, produciéndose en cambio un efecto contrario, ya que el aislamiento político y económico de que fue objeto la Habana contribuyó a cohesionar internamente a la población alrededor de su proyecto revolucionario en contra de Estados Unidos, considerado como el enemigo común, además de otorgarle a los líderes de la revolución la excusa necesaria para culpar a Estados Unidos de la causa de una parte de sus problemas ancestrales.

Las consecuencias para Cuba con el aislamiento de que ha sido objeto por más de cuatro décadas son principalmente de tipos económicos y sociales. En efecto, el rompimiento de todo tipo de nexo con los Estados Unidos se reflejó de inmediato en el aparato productivo de la nación caribeña, ya que el parque de maquinaria industrial, agrícola y de transporte que poseía la isla es de tecnología norteamericana de principios del pasado siglo veinte, lo que imposibilitó que pudiera renovarse tecnológicamente en los años sucesivos y producir valores de uso para el consumo interno y valores de cambio para el mercado mundial. Aunque esa ha sido la excusa de la revolución, sin embargo, la realidad pudo haber sido otra si los cubanos hubieran aprovechado sus buenas relaciones con Moscú en los tiempos de la existencia de la Unión Soviética, pues como todo el mundo sabe, el Kremlin poseía un buen dominio de la ciencia básica y de la tecnología de punta de la época, especialmente en lo referente a la industria pesada considerado el sector I de la industrialización en los manuales de economía política. Los cubanos no quisieron aprovechar esa oportunidad y en lugar de cambiar su parque tecnológico al precio financiero que fuera, se limitó principalmente a exportar azúcar y otras materias primas de origen primario al CAMECON y recibir en cambio tecnología militar de caballería área y piezas de artillería pesada para hacer frente a una eventual intervención de Estados Unidos. Al día de hoy, Cuba exhibe un parque tecnológico desvencijado y atrasado, de principio del siglo veinte que le impide producir valores de uso y de cambio eficientemente para el autoconsumo y el mercado internacional. Cuba tiene entonces el reto de modernizarse para poder aprovechar, por un lado, los cambios que deberán llegar a partir del gobierno de Raúl Castro que sucedió a su hermano Fidel después de la renuncia de éste a raíz de una enfermedad que lo imposibilitó seguir en el gobierno; por el otro, capitalizar y convertir en tecnologías de masa el gran acervo cultural y científico que ha venido acumulando en los últimos cuarenta años de revolución y salir adelante con su propio proceso revolucionario que luce estancado.

En el caso de Estados Unidos, el bloqueo fracasó porque no logró tumbar la revolución socialista y como acción derivada provocar la vuelta al capitalismo, que era su objetivo, aunque sí logró retrazar aspectos relevantes relacionados con el bienestar material, específicamente con la producción y distribución de bienes y servicios de consumo a la población cubana; en consecuencia, Estados Unidos ya no tiene más alternativa que buscar un acercamiento con la Habana en el momento que en América Latina se vienen gestando cambios importantes hacia la política de Washington impulsados pacíficamente por los pueblos y gobiernos, como el de Hugo Chavez que promueve organismos de integración regional novedosos basados en la solidaridad y la cooperación, a diferencia de la Iniciativa de las América lanzada por Bush padre y que sirve de plataforma a los tratados de libre comercio. No es casual entonces que con una retórica antinorteamericana del nuevo liderazgo latinoamericano en países como Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Brasil, Argentina y el Salvador la población haya preferido votar y llevar al poder candidatos de la izquierda que desafiaron el poder central del imperio yankee, este fue el caso también en Méjico donde en la última elección presidencial que llevó al poder al actual mandatario, prácticamente al candidato de la izquierda le fue arrebatado el poder por el partido gobernante con el apoyo de Estados Unidos. Esto indica que en América Latina ha nacido una actitud firmemente crítica hacia Washington, que obliga a ese país poner mayor atención a lo que sucede al sur del río Bravo, a pesar del desinterés histórico por la región que lo ha caracterizado. En ese contexto se ubica el acercamiento de Washington hacia la Habana en la administración de Barack Obama, que probablemente cambie su actitud hacia América Latina.

El cambio de actitud que intentan poner en práctica los gobiernos de la Habana y Washington en las administraciones de Raúl Castro y Barack Obama, respectivamente, podría tener como fundamento teórico la ley de la conveniencia. En tal sentido, veamos algunas hipótesis a modo de conclusión de este ensayo que pueden ayudar al entendimiento de las causas de ese acercamiento:

i. Para Washington una nueva relación con la Habana obligaría a bajar la tensión en América Latina y evitaría la emergencia de nuevos gobiernos de tendencia antinorteamericana. Esto así, porque analistas del departamento de Estado consideran desde los tiempos de la guerra fría que la Habana azuzaba el movimiento de izquierda y es al mismo tiempo el marco de referencia o tipo ideal weberiano de la izquierda en nuestra región. Siguiendo esa línea de pensamiento, si se lograse distender las tirantes relaciones entre ambos países, la visión ideológica de la población de América Latina podría cambiar favorablemente hacia Washington.

ii. En el caso de la Habana, la cuestión es mucho más complicada, ya que el acercamiento hacia Washington lo obligaría a ceder en torno a principios revolucionarios, es decir, respecto a la visión que tienen los halcones imperiales acerca del Estado como instrumento de clase, la democracia representativa, las libertades públicas mediatica y la libre empresa burguesa. En cambio, la Habana podría recibir como recompensa el levantamiento parcial o total del bloqueo económico, matizado con inversiones en masas de capital norteamericano, el establecimiento del flujo comercial entre los dos países, la apertura de relaciones diplomáticas, entre otros (Hace poco el gobierno de Barack Obama anunció que permitiría a los cubanos y norteamericanos enviar remesas a familiares y viajar a Cuba sin restricciones).

iii. La marcha del acercamiento y el éxito del mismo estará determinado por los alcances que puedan obtenerse en este último punto. En otras palabras, todo dependerá de cómo la Habana y Washington puedan arreglárselas en futuras negociaciones en función de sus conveniencias particulares y arribar a puntos de coincidencias, o de si la Habana estaría preparada para ese acercamiento que Washington quiere apresurar, según declaraciones de cuatro congresistas norteamericanos que giraron una visita exploratoria recientemente a la Habana y en la cual se entrevistaron con Raúl Castro y otras autoridades de la Habana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por favor agalo con criterio