El escritor peruano Mario Vargas Llosa, el ensayista y ex canciller mexicano Jorge Castañeda y el escritor Enrique Krauze se apoderaron de los principales titulares de los medios de comunicación en su más reciente visita a Caracas, a donde fueron a participar en un evento internacional sobre democracia y libertad, invitados por sus homólogos intelectuales venezolanos, acérrimos opositores a la Revolución Bolivariana.
Llama poderosamente la atención del tema escogido, por lo anacrónico de las ideas neoliberales en un mundo dominado por la crisis global creada por el liberalismo fundamentalista, de las cuales el escritor Vargas Llosa fue uno de los principales exponentes y apologistas para América Latina junto a su par Hernando de Soto, que en 1986 publicó el libro “El Otro Sendero” que planteaba la existencia oculta de una economía desregulada en el Perú, tomando como referencia de que los 91, 455.00 ambulantes de Lima dominan la distribución minorista de los artículos de consumo popular en la capital y que el 93% de los transportistas informales dominaban el parque de transporte de Lima. Vargas Llosa fue el prologuista de esa obra.
La visita de esos importantes intelectuales latinoamericanos, de todas maneras no iba a pasar desapercibida, ya que sus anfitriones en Caracas son gente poderosa e influyente, con relaciones profundas con los sectores económicos, políticos y eclesiales, dueña de medios de comunicaciones nacionales e internacionales y ellos mismos en su calidad de celebridades del mundo de las letras hispanoamericanas. Sin embargo, cuando llegaron al aeropuerto Internacional de Maiquetía, lo primero que hicieron fue provocar a las autoridades venezolanas con declaraciones a todas luces fantasiosas, intentando crear una atmósfera artificial y hostil contra el gobierno de Hugo Chávez para que los sancionaran y deportaran ipso factum, ya que, además de comer arepas y caraotas, pasear por las playas, tomar buen vino, se la dieron por violar las leyes del Estado venezolano que prohíbe a extranjeros entrometerse en política doméstica, que fue lo que hicieron realmente durante los días que estuvieron en la República Bolivariana de Venezuela, sin que nadie los molestara ni les hiciera caso. Por ejemplo, el escritor Vargas Llosa se destapó con mentirosas declaraciones de prensa contra el gobierno, el mismo día de su arribo a la República Bolivariana de Venezuela, acusando a las autoridades de ese país de violación a sus derechos de libre tránsito, porque se le había requisado su equipaje como a todo pasajero internacional que pasa por un aeropuerto o puerto marino. ¿Quería Vargas Llosa un trato especial y preferencial como pasajero de primera clase pasando por el Salón de Embajadores?, aparentemente, no. Vargas Llosa y los intelectuales liberales que lo acompañaron a Caracas para asegurar el éxito de su fracasado encuentro, querían armar un show frente a la prensa internacional para presentar las pruebas que nunca obtuvieron de que la Revolución Bolivariana es una tiranía criminal, que persigue a sus opositores, los encarcela y los asesina, que cierra medios de comunicación, que viola la libre empresa, etc. y que Chávez es un dictador caribeño de aspecto salvaje y que conculca los derechos de las personas. Pero Chávez no mordió el anzuelo. Los dejó hablar por los codos, visitar los lugares que quisieran, entrevistar a las personas que desearon, maldecir, insultar, delirar como charlatanes con sus mentiras y hasta retaron al presidente para un debate que nunca se dio, porque Chávez no cedió a la provocación.
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