FERNANDO FERNÁNDEZ DUVAL
Lo ideal fuera que ningún país en el mundo tuviera armas nucleares, o que los países que poseen este tipo de armas de destrucción masiva la destruyeran, pero no ocurre ni una cosa ni la otra. Los países que tienen ese tipo de armas, principalmente las grandes potencias, se niegan al desarme total; y es que la posesión de armas nucleares, le da una gran capacidad ofensiva y de negociación al país que la tiene frente al que no la tiene. Esa capacidad ofensiva, no solamente incluye un mejor posicionamiento militar, sino también económico y geopolítico que genera pingues beneficios en las relaciones internacionales y a las elites y grupos de poder que gobiernan esos países frente a sus pobladores.
El miedo a que los países pequeños puedan utilizar en cualquier momento las armas nucleares contra otras naciones, aterra a cualquier hombre y mujer amante de la paz en el mundo, pero también debe aterrarnos mucho más, que países como Estados Unidos y Rusia tengan esas armas de destrucción masiva y pretendan tener el monopolio sobre las mismas con el apoyo de Naciones Unidas, porque uno de esos países, los Estados Unidos, ha sido el único país que ha lanzado contra otro país dos bombas atómicas consecutivas, me refiero a las dos ciudades japonesas Nagasaki e Hiroshima en 1945, provocando la muerte a cientos de miles de seres humanos, que al día de hoy, sigue cobrando vidas y produciendo enfermedades a causa de los efectos retardados de la radioactividad de dichas bombas.
¿Quién duda que Estados Unidos vuelva a utilizar su capacidad nuclear contra otro país cuando entienda que sus intereses sean afectados?, ¿quién duda también que Rusia utilice dichas armas basada en los mismos argumentos utilizados por Estados Unidos contra Japón en 1945?
Definitivamente, no hay garantías de que Estados Unidos y Rusia no puedan utilizar bombas nucleares para destruir la capacidad ofensiva de cualquier otra nación, como es cierto que armas nucleares en poder de Irán, Corea del Norte, India o Pasquitán no tienen fines filantrópicos, sino también ofensivos.
Sin embargo, es mucho más peligroso que unas cuantas naciones tengan el monopolio de las armas nucleares como si fueran los gendarmes y policías del planeta tierra y más que eso, que permitan que sus aliados detenten esas armas para agredir si fuera necesario a vecinos suyos, como ocurre con el estado sionista de Israel, que posee armas nucleares de corto alcance para lanzarlas algún día contra sus vecinos árabes con el apoyo de Estados Unidos, mientras amenaza a Irán porque está instalando una planta de enriquecimiento de uranio, como aconteció esta semana que acaba de discurrir, cuando los presidentes de Estados Unidos, Francia e Inglaterra, Obama, Sarkozy y Brown, respectivamente, amenazaron ayer con represalias a Teherán.
El camino de la esperanza de la humanidad debe ser el desarme total de todos los países que poseen ese tipo de armas y el uso de la energía nuclear para fines pacíficos. Las potencias mundiales deben entender que el mundo les cambió con la desaparición de la confrontación Este/ Oeste y que hoy camina hacia el multilateralismo, a pesar de la resistencia de su clase dirigente. Que no suceda con Irán lo que hizo Estados Unidos contra Irak, que tras una falsa y mentirosa alarma del presidente Georges Bush, dijeron al mundo que ese país tenía armas de destrucción masiva, con lo cual justificaron la criminal invasión que provocó prácticamente la destrucción de la organización social y política de esa nación y así poder adueñarse de su principal recurso natural: el petróleo.
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