FERNANDO FERNÁNDEZ DUVAL
No nos sorprendió para nada, porque conocemos la psicología social y las ideas políticas de esta absurda fauna prehistórica que puebla y vive esta media isla caribeña, "colocada en el mismo trayecto del sol" (como dijo el Poeta Nacional, Don Pedro Mir, en su poema “Hay un País en el Mundo”), que son la mayoría de nuestros hombres públicos y empresarios, impermeables al tiempo y en consecuencia, venidos de la oscura caverna donde reina la violencia, los odios étnicos, el egoísmo y la mentira, la ratificación en segunda lectura del artículo 30 de la Constitución de la República que penaliza el aborto en República Dominicana, sin tomar en consideración las motivaciones sociales y psicológicas que inducen a una pobre mujer al aborto, ni las causas terapéuticas de la madre, ni sus fatales consecuencias en términos de las vidas que podrían perderse, lo cual confirma una vez más la condición de Estado pre-moderno y confesional católico del pensamiento y de las instituciones políticas dominicanas en el siglo XXI, a pesar de que dicen profesar los valores liberales y los principios e ideales progresistas de la Humanidad. No faltaron, pues, el chantaje, los golpes bajos y el temor infundido por la curia católica, apostólica y romana, especialmente de su eminencia reverentísima, Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, contra legisladores asustadizos; el silencio y apoyo en la mayoría de los casos, de los líderes irracionales del Pitecántropos, de los tres principales partidos con mayor incidencia en el Congreso Nacional; de ONGs que dicen trabajar a favor de la mujer, de centros académicos "superiores", de medios de comunicación y de algunos notables comunicadores e intelectualoides, pagados con proyectos de la USAID, al servicio de causas ingerencistas, secuestradores de la opinión pública, dueños de la verdad absoluta, hipócritas y trepadores, que solamente les preocupan sus intereses y los de sus representados, su posición social y sus ventajas particulares, económicas y políticas y la fina jugada de ajedrecista del presidente de la República, cuando dejó libre a sus legisladores del progreso, a sabiendas de que iban a favorecer con mucho a poco el voto a la ratificación de tan monstruosa pieza medieval, que constituye un indicio de "mala salud" y por donde andamos con nuestra libertad de pensamiento y con nuestra cacareada modernidad.
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