FERNANDO FERNÄNDEZ DUVAL
Los partidos políticos han sido tradicionalmente los organizadores de los sistemas democráticos representativos en el capitalismo y los garantes de su funcionamiento y de la participación de los ciudadanos en los procesos electorales, ya que a través de ellos se eligen los funcionarios electos por sufragio universal por un período de tiempo determinado, garantizando así la alternabilidad en el poder.
Hoy día, los partidos políticos monopolizan el derecho de los ciudadanos a ser electos para una función pública, obligándolos a inscribirse en su lista de miembros (padrón) para poder tener el derecho a elegir y a ser elegido en unas pre-elecciones (primarias) que se realizan para seleccionar a los candidatos que el partido llevará en su boleta en las elecciones nacionales.
Las pre-elecciones que realizan los partidos políticos, se hacen en violación al principio de ser electo y ser elegido, consagrado en la mayoría de las constituciones occidentales y con lo cual dicho principio alcanza la categoría de derecho universal.
Esa forma de actuación de los partidos políticos, subordina el resto del sistema político, económico y social, y el ejercicio del poder político por los dignatarios, en un espacio exclusivo del partido, donde todo queda en su sombra. Esa subordinación hace que nuestras sociedades estén gobernadas y controladas por los dirigentes de los partidos políticos.
Aunque pareciera una metáfora, no lo es, los partidos políticos sustituyeron el poder unipersonal del monarca en las sociedades de Europa del Oeste, el déspota en los modos de producción asiático, en las organizaciones pre-colombinas y en las tiranías modernas tipo Somoza, Trujillo, Pérez Jiménez, Pinochet, Ferdinand Marcos, etc. por el de la partidocracia. Ese poder encuadra la visión de la política y de lo político y tiene mayor fortaleza que el sistema unipersonal del antiguo régimen, porque el ciudadano común siente que él tiene algo de poder que no tiene; y esa sensación de poder termina legitimando los partidos como poder verdadero.
En dominicana, el sistema de partido es responsable de muchos problemas en la sociedad contemporánea, como por ejemplo, la corrupción estatal, los antagonismos o división entre los militantes de los partidos del sistema, la falta de principios y criterios de ciudadanía que afectan a muchos dominicanos, la falta unidad de criterios frente a situaciones que normalmente afectan al colectivo, lo cual dificulta que en el país haya una visión unitaria de la imagen objetivo de la sociedad que queremos ser. Otro problema es la sobre politización en la que la mayoría de los dominicanos se llenan de pasión instintiva como si vivieran las grandes jornadas carnavalescas del Malecón durante los meses de cuaresma de cada año, el juego de dominó debajo de un árbol con un pote de ron o una fría debajo de la mesa para pasar el momento, las peleas de gallos los fines de semanas en la gallera o el juego de la pelota en el play.
El sistema de partido dominicano vive sus años de infancia, pues, más que mediación de los intereses colectivos de la sociedad e instrumento de cohesión y unidad nacional, parte la sociedad (dice Maurice Duverger que el término partido viene precisamente de la palabra partir, porque en sus inicios los partidos partían la sociedad en grupos rivales que se enfrascaban en luchas por el control del poder), dividiéndola en intereses antagónicos, como si fuera una fratría, razón por la cual los funcionarios que detentan una posición pública, ya sea electa o designada por el Poder Ejecutivo, no representan a la colectividad que los eligió, sino al partido que los llevó como candidato en su boleta.
Esos funcionarios carecen de autonomía política para tomar decisiones en sus funciones, pues ejercen dichas funciones en base a las líneas que traza la organización política a la que pertenecen. En ese sentido, tenemos legisladores que no pueden cumplir con las dos funciones principales asignadas en la Constitución de la República, que son: legislar y representar.
Si un legislador o sindico se apartaran de las líneas bajadas por la partidocracia y asumieran cierta independencia en sus decisiones, en el menor de los casos correrían el riesgo de quedar fuera de la boleta de la organización partidaria en el próximo torneo electoral.
En el caso de la sobre politización, los partidos políticos gravitan en todos los aspectos de la vida nacional y en la particular de cada dominicano en su vida cotidiana. Los trescientos sesenta y cinco días del año las noticias sobre temas políticos publicadas por los periódicos impresos o digitales y los medios electrónicos: radio y televisión, ocupan más espacios que cualquier otra, incluso más que la pelota, que es el pasatiempo preferido de los dominicanos.
No hay en el país ninguna institución pública o privada, empresarial, deportiva, medio de comunicación, religiosa, ningún club u organización comunitaria, sindicato o entidad gremial o profesional, un club de béisbol, un club de gallo en una pequeña comunidad o aldea antropológica como el Manguito de Neyba donde los partidos no estén presentes visualmente o soterrados, o dejen de gravitar con sus luchas internas para influir, controlar o dirigir.
En países como Estados Unidos, los partidos políticos solo tienen vigencia durante los procesos electorales. Cuando terminan esos procesos, las actividades de dichos partidos cesan de inmediato y vuelven a reaparecer como cometas en el próximo evento electoral, dejando que sean las instituciones del Estado las que jueguen su rol y otras instituciones de la sociedad civil con un carácter más universalista que los partidos.
La vigencia y dictadura de los partidos políticos en la sociedad dominicana tiene que ver con la pobreza que vive la mayor parte da la población, la cual es un caldo de cultivo para que de su seno nazcan las organizaciones políticas que viven ofertando los bienes del patrimonio público o creando espejismos para sacar de la pobreza al individuo, no a la sociedad, con lo cual se establece una relación de negocio oferta/ demanda con carácter individual. Por el contrario, este sistema demanda/ oferta en las sociedades más desarrolladas no toma como puntal al individuo, sino a la comunidad o al sector social, ya que los individuos pertenecientes a las diferentes capas sociales tienen resueltas la mayoría de sus necesidades individuales reproductivas de alimentación, salud y educación.
Esas ofertas se traducen así en el combustible que mueve el sistema de partidos y atrapa a la población en una lógica de reparto paternalista, donde el dios arbitrario del partido se adueña de la voluntad de elegir y tutela arbitrariamente al funcionariado estatal.
Aunque la política es una de las principales pasiones de la sociedad dominicana, es evidente de que podría llegar a una fase de entropía, al entrar en una profunda crisis de credibilidad para satisfacer expectativas y empiece a desorganizarse y desaparecer como ha ocurrido recientemente en Venezuela durante la época pre-chavista y en la Bolivia pre- Evo si sus dirigentes no comienzan a darse cuenta del estancamiento del sistema. Sin embargo, esto no está ocurriendo ni está por ocurrir. Los partidos políticos dominicanos en lugar de avanzar democráticamente, son cada vez menos democráticos, pues de liderazgos autoritarios, mesiánicos y caudillistas que tuvimos recientemente después de la dictadura de Trujillo, el sistema político está pasando a un nuevo tipo de autoritarismo tecnocrático que se expresa en la falta de principios políticos ideológicos, que privilegia el sentido común de la acción política y el eficientismo como única racionalidad para alcanzar los fines teleológicos que se propone como objetivo la organización política.
Como ejemplo de esto último, cito lo que acaba de ocurrir recientemente con los dos principales partidos del sistema que dieron varios pasos anti-democráticos, al reservarse, el Comité Político del PLD, una parte considerable de los cargos a senadores, diputados y síndicos para una alianza con el PRSC y donde indudablemente sus probabilidades son altas; en otro, el presidente del PRD se reservó el 50 por ciento de dichos puestos electivos para negociarlos en futuras alianzas o para imponerlos. El argumento de ambos partidos es meramente estratégico, pero desde el punto de vista de la lógica, es un disparate táctico político, porque esa decisión, en el caso del presidente del PRD, es arriesgada, ya que estimularía las contradicciones y los descontentos internos en ese partido, y si en lugar de “avanzar en el 2010 para ganar en el 2012”, que es su principal consigna de campaña electoral, esa consigna podría convertirse en un bumerang para ganar las elecciones presidenciales del 2012.
Todavía el sistema de partidos en dominicana tiene cierta fortaleza, si tomamos como indicador la participación de la ciudadanía en los procesos electorales con una votación del 75 por ciento de los ciudadanos inscritos en el Padrón Electoral; pero en la medida en que la población se des-ideologice y tome conciencia de que está siendo engañada y manipulada por sus dirigentes, el sistema, como apuntaba en el antepenúltimo párrafo, automáticamente se desorganizaría atendiendo a la ley de la entropía, contraria a la de la auto- reproducción.
Es por eso, que al terminar este ensayo, uno termina preguntándose, ¿no existirá otra forma alternativa democrática de participación de la población en nuestras sociedades que no sean los partidos políticos?
¿No será la autogestión organizativa de las comunidades de base la sustituta de los partidos políticos y de la participación ciudadana?
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