Esta semana el tema de la corrupción, entendida como la apropiación ilegal de los recursos ajenos, ya sean públicos o privados, fue uno de los más sonados en República Dominicana; y lo fue por las declaraciones sobre el tema que ofreció el presidente Leonel Fernández en un almuerzo con directores de medio el jueves último 23 de julio en el Palacio Nacional.
Desde que la periodista de televisión Nuria Piera exhibiera un reportaje dando cuenta de la ocurrencia de actos de corrupción en la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE) y casos anteriores como el Programa de Reducción de Apagones (PRA) y en la Oficina Técnica de Transporte Terrestre (OTTT) y en el mismo sentido, las denuncias de la periodista Alicia Ortega sobre algunas irregularidades cometidas en el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI), dicho tema se adueñó de una parte considerable de la población y de medios de comunicación, que contextualizada por el deseo de algunos empresarios de jondiarse las edes y por los largos y odiosos apagones, prácticamente pedían soto bajo y en público la cabeza de Radhamés Segura, vicepresidente administrador de esa entidad estatal, a quien se le señalaba por esa causa como el culpable de los apagones y no por la falta de pago de los usuarios, el incremento del precio del petróleo en el mercado mundial, la caída de las recaudaciones fiscales en el primer trimestre del año en medio de la crisis económica global que ha impedido el pago a tiempo del subsidio eléctrico a los generadores.
En ese encuentro, el presidente Fernández volvió afirmar que el tema de la corrupción no tiene la magnitud que dicen tiene en su gobierno y que la misma ha sido sobredimensionada por la oposición.
Dijo además, que lo que se ha denunciado no alcanza el desfalco del erario como ocurrió con otras administraciones. También, el presidente señaló y delineó un conjunto de medidas e instrumentos que se han puesto en ejecución para atacar y prevenir la comisión de actos de corrupción.
A nuestro juicio, el problema de la corrupción no debe abordarse tan solo como un asunto ético ni de una sola administración, hay que verlo también desde la vertiente sociológica y del fin último del sistema, ya que los casos denunciados, aunque deben combatirse con todo el peso de la ley, como dice un spot de televisión y prevenirse con medidas inteligentes y drásticas, son una larga repetición de una administración gubernamental a otra y lo que la gente rechaza no son en el fondo los actos de corrupción cometidos por funcionarios ni a los corruptos.
En otras palabras, lo que la gente realmente expresa con este rechazo y su supuesta sanción contra esos actos, es su inconformidad por insatisfacciones contra las autoridades gubernamentales de turno, llámese Leonel Fernández, Joaquín Balaguer, Antonio Guzmán, Salvador Jorge Blanco e Hipólito Mejía, porque en un país pobre y donde al menos cada dominicano tiene un primo pobre y donde la política es el principal medio de movilidad social ascendente, es obvio que el funcionario que es promovido para una posición oficial importante asegure para el porvenir su nuevo statu social y le de un SOS a un familiar cercano o a algún amigo que ha estado en mala.
En la sanción a la corrupción estatal hay una doble moral y un oportunismo politiquero de todos los partidos, pues, primero, cuando una persona deja un puesto en la administración pública si viene del “barrio” o de la jai lai y si sale sin dinero y sin bienes, en el “barrio” lo consideran un pendejo; segundo, si sale atiborrado de dinero, fincas, caballos de pasos finos, residencias lujosas en Arroyo Hondo o Naco, mujeres todas beldades, automóviles de lujos de último modelo, etc. su prestigio social se acrecienta, convirtiéndose en el héroe al que todo el mundo respeta y admira, porque ha sido un triunfador; y el triunfador es el tipo ideal de referencia que nos enseñan en la escuela, en el catecismo, en la televisión y que todos debemos alcanzar e imitar, dicen nuestros padres, cuando algún vecinito ha progresado por arte o por magia.
Esa ha sido una constante histórica asociada a la etapa de acumulación originaria de capitales y de la cual formaron a la sombra del Estado sus capitales o se hicieron ricos las principales catorce o dieciocho familias adineradas utilizando todo tipo de medios, como el robo, el crimen, el contrabando, el chantaje y que muchos no quieren reconocer en su fuero interno, ya sea por complicidades, cobardías o por su incapacidad de verse la paja en su propio ojo, pero que saben que es así y seguirá siendo así por el momento.
Para reducir la incidencia de nuestra admirable propensión a la corrupción nos llene de mierda hasta los juanetes y de paso termine su gobierno con un escándalo mayúsculo como el que le ocurrió al presidente Salvador Jorge Blanco en 1982-1986, el presidente Leonel Fernández debe actuar con mano dura, no importa si son amigos, familiares, compatriotas o compañeros
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