jueves, 14 de enero de 2010

LA TRAGEDIA HAITIANA NOS GOLPEA Y HASTA NOS MATA

FERNANDO FERNANDEZ DUVAL

La tragedia haitiana nos golpea el corazón.
Nos hiere en todo el cuerpo y hasta nos mata.
La tragedia haitiana es nuestra y como tal, debemos salir en ayuda de ese pueblo.
La compasión es el sentimiento humano primigenio más alto, porque es la base del amor y la solidaridad.
En esta hora triste, seamos compasivos con el pueblo haitiano y vayamos sin reserva en su ayuda.
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A propósito de la tragedia haitiana, mucha gente cree que la cooperación internacional va a contribuir de ahora en adelante con la solución del problema de ese país, que con el sismo del martes último, lo único que hizo fue agravarse.

La cooperación durará algunos meses. Se aportará algún tipo de ayuda, especialmente aquella que esté alineada con los intereses del país que ayuda. Después, el país cooperante tomará sus bártulos y dejará a los haitianos con sus problemas seculares agravados. No nos hagamos ilusiones, porque si así hubiera sido, Haití fuera otra cosa y no el país más pobre del hemisferio occidental, a pesar de las promesas de Francia que esclavizó y explotó al hermano país, los Estados Unidos y Canadá.
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Que el capo Figuereo Agosto se acostara con Mery Peláez, Sobeída Feliz o con la mujer del asesinado coronel González y González u otras hembras del harén, no es una cuestión que debiera interesarnos para nada. Lo que realmente nos interesa son los policías, los militares, los empresarios y funcionarios de este o aquel gobierno que nos defraudó tanto y que forman parte de la red que encabeza el capo boricua y que el informe parece que oculta, porque al parecer se caerían todos los altares, como dijo Lilis en ocasión de designar en medio de una crisis nacional el Padre de la Patria frente a la polémica que protagonizaran intelectuales de la época y parientes de Juan Pablo Duarte y Francisco del Rosario Sánchez.

Las mujeres que el capo Figuereo Agosto se dio cargado de pasión y furor sexual, es una cuestión de índole personal que las autoridades policiales y judiciales resaltan como cuestión de orden público para despertar el morbo de la población, para que de esa manera nos olvidemos de los otros que no están en el informe.

La población debe exigir profundizar las investigaciones y todo aquel que tenga algún tipo de informaciones, que lo haga con toda responsabilidad, incluyendo a periodistas y políticos que están haciendo su (A)gosto irresponsablemente, con señalamientos sin ninguna base, solo con el propósito de dañar reputaciones o de ganar políticamente como huestes carroñeras.

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