lunes, 19 de enero de 2009

LA MENTIRA DE LA CRISIS ALIMENTARIA

Por Fernando Fernández Duval

A mediados del 2007, los principales organismos multilaterales pertenecientes a las Naciones Unidas, especialmente la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Banco Mundial, el Banco Europeo, el Banco InterAmericano de Desarrollo (BID), la Agencia Internacional de Desarrollo de los Estados Unidos, el Instituto InterAmericano de Cooperación Agrícola (IICA), entre otros, difundieron la idea apocalíptica de que el mundo estaba atravesando por una severa crisis alimentaria, la más aguda desde los tiempos de la llamada Revolución Verde.

Sin embargo, por ser una agencia especializada en el tema de la agricultura y la alimentación de Naciones Unidas, el anuncio de FAO no tenía precedente alguno en los anales de esa organización internacional desde su fundación, ya que, sin ofrecer detalles del origen y el seguimiento acumulativo de dicha crisis, el mundo de golpe y porrazos se veía envuelto en los albores de una gran hambruna que podría durar más de una decena de años. Esa hambruna cubriría en especial a las poblaciones de las naciones más empobrecidas del globo terráqueo, sobre todo las ubicadas en el continente africano, Haití, Bolivia y naciones como la India, Pakistán, China y Afganistán, entre otros. De inmediato, los gobiernos fueron puestos en alerta roja para que procedieran urgentemente a diseñar políticas y estrategias nacionales que pudieran conjurar el fantasma que andaba suelto y que inevitablemente nos venía encima, como un temido huracán en la región del Caribe.

Los teóricos y las inteligencias más preclaras de las ciencias económicas y las ciencias agrícolas empezaron con urgencia a explicar el problema en su estado de ebullición, diseñando modelos econométricos para adaptarlos a la idea de la terrible crisis alimentaria. La agronomía y ciencias afines relacionadas con la producción de alimentos en el mundo, también hicieron sus “aportes” diseñando planes para incrementar la producción y la productividad agropecuaria, realizando nuevos experimentos genéticos, comprobando y adaptando tecnologías a partir de viejas y nuevas informaciones obtenidas en los campos de investigación y experimentación y en los laboratorios.

Las causas que estaban produciendo esa terrible crisis de alimentos fueron reducidas a las siguientes explicaciones causales: i) al desequilibrio del clima, producto del calentamiento global, que en algunas regiones del mundo estaba provocando fuertes inundaciones y en otras, sequías prolongadas, ambas situaciones estaban diezmando la producción de plantas y animales; ii) a la incertidumbre provocada por el agotamiento de las reservas de petróleo y a la utilización de tierras de labranzas con vocación agrícola , que antes se usaban para producir alimentos y que a partir de ese momento comenzarían a utilizarse para la producción agropecuaria no comestible que derivaría en la producción de biodisel ,sustituto del petróleo, mediante la siembra de cereales, oleaginosas, caña de azúcar y grasa animal que serían sometidas a complejos y costosos procesos industriales.

Inexplicablemente, estas explicaciones colocaron a la ciencia detrás de los acontecimientos, ya que no fue capaz de predecir con antelación los hechos que se estaban produciendo a nivel global, a pesar de la importancia de las ciencias de la información y las estadísticas en la creación, análisis y difusión de información en la aldea global.

Como un milagro portentoso de la Divina Providencia, o como una practica de magia y esoterismo, cuando empezó a vislumbrarse la crisis económica en los Estados Unidos, la tónica explicativa de los discursos acerca del problema de la crisis alimentaria fue cambiando paulatinamente, hasta que dicho tema prácticamente fue bajando de perfil en la agenda de los eventos de los organismos internacionales, en los medios de comunicación especializados y en los mass media, que fueron centrando su atención en otros temas, no menos relevantes, como morbo, para el manejo y orientación de la opinión pública. A partir de esa crisis, el problema de los alimentos se fue escurriendo por la tangente, como para no perder el debate o faltarle el respeto a la inteligencia del menos común de los sentidos.


¿Qué pasó entonces, hubo una crisis real de alimentos, o se estaba ocultando algo detrás del telón?; ¿está el mundo en capacidad de producir los alimentos que demandaría una población mundial insatisfecha?

En relación a la primera pregunta, el mundo nunca estuvo al borde del colapso de la agropecuaria, como anunciaron los organismos internacionales, contrario a lo que decían dichos organismos, en su gran capacidad para descubrir la fórmula del agua tibia y el helado en palito, la producción de alimentos está aumentando desde los años 1950, especialmente en los últimos 30 años, contrario a los postulados del obispo Malthus: a un ritmo tan rápido que ha superado el crecimiento de la población.

A comienzos del decenio de 1960 la producción mundial de alimentos para consumo humano era sólo de 2300 calorías por persona y día, cantidad que estaba distribuida de forma muy desigual. En 1994 había pasado a ser 2710 calorías por persona y día, suficientes para permitir la correcta nutrición de toda la población humana, aunque al persistir todavía graves problemas de distribución de hecho sigue habiendo muchos millones de personas que pasan hambre o están mal nutridas. Más de 800 millones de personas del mundo en desarrollo sufren de desnutrición crónica, entre ellos, la falta de energía y proteínas esenciales; esto disminuye la esperanza de vida de unos 200 millones de niños.

Lo que sucedió entonces fue un alza de los costos de producción provocada por la subida de precio del barril del petróleo y sus derivados y a una onda expansiva de la quiebra inmobiliaria en Norteamérica llevada como arte de magia negra a todo el sistema capitalista, traducida en crisis económica en los propios Estados Unidos, Japón y Europa y que afectó la estabilidad de los índices de los principales indicadores bursátiles.

Como prueba de que la crisis alimentaria fue ocasionada por altos costos, es que cuando el precio del petróleo comenzó a descender rápidamente en el mercado mundial, los costos de producción inmediatamente empezaron a deslizarse por una pendiente, reflejándose en la producción de agroquímicos diversos, mecanización de tierra para la agricultura, semillas y materiales de siembra, transporte y flete de mercaderías y en la desaparición de la burbuja especulativa sobre los cereales, especialmente sobre el arroz y el trigo, que tenían una situación pasajera muy especial, con fuertes inundaciones en el 2005 en Vietnam y una prolongada sequía en Argentina y Australia en el 2004, cuya participación de ambos países no sobrepasa el 20% de la producción mundial de esos rubros. En palabras más directas, los precios de los alimentos comenzaron a bajar y el abastecimiento de los mismos a regularizarse y ser más asequibles en los mercados cuando el petróleo tuvo una variación próxima al 64%.

Con respecto a la segunda pregunta, efectivamente, el problema de la producción de alimentos no viene dada por el lado de la oferta, ya que el planeta dispone de la tecnología, variedades y especies de plantas y animales de alto rendimiento y los suelos con vocación agrícola suficientes para satisfacer la demanda de alimentos de la población mundial, sin poner en riesgo las selvas tropicales y los bosques, las agua de los ríos, los mares, los lagos y lagunas, los animales en estado salvaje y el equilibrio ecológico mediante la ampliación de la frontera agrícola. El problema de la falta de alimentos para 800 millones de seres humanos que padecen desnutrición crónica en los países de renta baja y media, es la explotación de poblaciones enteras por el capital y la exclusión social que trae aparejada, caracterizado por el predominio de sociedades plantacionistas, resultado de regímenes oligárquicos y autoritarios concentradores de riquezas en pocas manos, entre ellos la tierra y que han contado tradicionalmente con el apoyo de las grandes potencias y que son parte de la herencia histórica de la explotación colonialista, las prácticas imperialistas de la Europa civilizada y los Estados Unidos de América y el funcionamiento del capitalismo de acuerdo a la ley de desarrollo desigual a escala mundial..

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por favor agalo con criterio